Mayorino Olivazzo Delù
Sacerdote (1864-1948)
Nacimiento: Villadeati (Italia), 20 de enero de 1864
Profesión religiosa: San Benigno Canavese (Italia), 11 de noviembre de 1882
Ordenación sacerdotal: Turín, 24 de septiembre de 1887
Defunción: Barcelona, 8 de abril de 1948
Nació el 20 de enero de 1864 en Zanco de Villadeati (Italia). Sus padres entregaron a la Congregación a dos hijos, Mayorino y Pedro, y una hija, Victoria, al Instituto de María Auxiliadora.
En 1877, Mayorino ingresó como alumno en Valdocco (1877-1981). Tuvo la suerte de que el propio Don Bosco le impusiera la sotana en noviembre de 1881. Hizo la profesión religiosa en San Benigno Canavese (Italia) el 11 de noviembre de 1882, se ordenó de sacerdote en Turín el 24 de septiembre de 1887, y en esa ocasión tuvo la suerte de sentarse a comer junto a Don Bosco.
Después de trabajar como maestro de música en Mathi (Italia), por Pascua de ese año fue destinado a Sarrià (1888-1891), como catequista y maestro de música. Marchó luego a Colombia (1891-1903) y, de vuelta a España, trabajó un año en Madrid y otro en Villaverde de Pontones, este como director.
En 1906 fue catequista, maestro y organista de la casa de Salamanca, en 1908 confesor en El Campello y en 1920 confesor y organista en Alicante. Permaneció en esta casa hasta los trágicos sucesos del 11 de mayo de 1931, cuando la casa fue asaltada, incendiada y destruida.
Marchó entonces al Tibidabo (1931-1936). Pudo escapar a Italia durante la Guerra Civil, permaneciendo en la casa de Ivrea hasta el final de la contienda. Después trabajó en Alicante (1939-1940), Tibidabo (1940-1942) y Sarrià (1942-1948). Llegó a esa casa envejecido y enfermo, casi ciego y con escasa movilidad. En la soledad de su habitación, su espíritu empezó a deprimirse. Pasaba largas horas de angustia y amargura, consumiéndose de tristeza; acudía a la oración con más fervor y se preparaba a bien morir. Pero la dificultad de las pruebas ofuscaba su mente, cegándole hasta enloquecer.
En la balsa llena de agua que había detrás de la iglesia del colegio de Sarrià fue encontrado cadáver el 8 de abril de 1948. Tenía 84 años.
Era un hombre bueno, exacto cumplidor de las Reglas. Sacerdote prudente y oportuno en el ministerio de la confesión, siempre alegre y hasta chistoso, le gustaba entretenerse con los muchachos en el recreo, recordando anécdotas de la vida de Don Bosco, aunque su principal afición era jugar con ellos a las bochas.
Con él desapareció una de las pocas figuras que iban quedando de los que conocieron a Don Bosco.