Aguilón Aguiano, Esteban

Esteban Aguilón Aguiano

Sacerdote (1883-1950)

Nacimiento: El Burgo de Osma (Soria), 3 de agosto de 1883
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 5 de septiembre de 1902
Ordenación sacerdotal: Madrid, 20 de diciembre de 1913
Defunción: Valencia, 16 de octubre de 1950

Nació el 3 de agosto de 1883, en El Burgo de Osma (Soria). Sus padres, Bonifacio y María, el 13 de agosto de 1895 lo llevaron a Sarrià para iniciar el aspirantado. El director del colegio era entonces don Felipe Rinaldi, del cual don Esteban guardó siempre un gratísimo recuerdo.

El 3 de septiembre de 1900 llegó a Sant Vicenç dels Horts para empezar el noviciado, que culminó con la profesión religiosa el 5 de septiembre de 1902. Debió estudiar filosofía en Sarrià dando clase, como hacían muchos. El trienio práctico lo realizó entre Gerona, Sarrià y Vigo-San Matías. Estudió teología en Salamanca y Madrid, donde fue ordenado sacerdote el 20 de diciembre de 1913.

Trabajó como consejero escolástico en Madrid, Béjar, Huesca, Vigo-San Matías, Barakaldo y Salamanca. En Valencia se responsabilizó de la residencia de los estudiantes de magisterio. Luego fue destinado a Rocafort (1929-1939) como encargado de la iglesia, centro de intensa vida cristiana hasta que fue arrasada en la Guerra Civil.

Durante la contienda, estuvo escondido en casa de la familia Lucena. Luego se juntó con los salesianos de Mataró y de allí, con otros hermanos, fue llevado a Barcelona, a la checa de San Elías y después a la cárcel Modelo.

Al acabar la guerra, volvió a Valencia como secretario del colegio y confesor. Un día, celebrando misa, se sintió mal, perdió el equilibrio y cayó en brazos de un antiguo alumno que le acompañaba. Falleció en Valencia el 16 de octubre de 1950, a los 67 años de edad.

Un antiguo alumno suyo de Vigo atestigua: «Don Esteban tenía un corazón de oro y, a pesar de su apariencia adusta, era uno de los niños-grandes más maravillosos que recuerdo».

Nacido en la austera región de Castilla, reflejaba esta característica en todas las manifestaciones de su vida, siendo frugal en el comer, pobre en el vestir, precavido y delicado hasta la exageración en todo lo referente a la bella virtud.

Narrador sentencioso impenitente, adobaba las consultas con jocosas chanzas. Labrado en piedra, como los monumentos de su pueblo, y con la pátina del tiempo en su cara, era una muralla impenetrable a los dardos de la crítica. Su despacho era lugar de citas y visitas de alumnos, antiguos alumnos, salesianos y amigos. Su confesionario siempre estaba cercado de muchachos. Era una persona sobria, comedida, un salesiano sencillo, precavido y delicado con los demás.