Alamán Ruiz, Julio

Julio Alamán Ruiz

Clérigo (1934-1958)

Nacimiento: Ansó (Huesca), 24 de mayo de 1934
Profesión religiosa: Martí-Codolar, 16 de agosto de 1950
Defunción: Martí-Codolar, 5 de abril de 1958

Nació en el precioso pueblo de Ansó, en el pirineo oscense, el 24 de mayo de 1934. Del colegio San Bernardo de Huesca pasó, como aspirante, primero al Tibidabo y después a Sant Vicenç dels Horts. Aquí comenzó el noviciado que terminó con todos sus compañeros en Martí-Codolar, donde profesó el 16 de agosto de 1950. En Gerona cursó filosofía y el trienio práctico lo realizó en las casas de Huesca, de calle Heredia primero, y de San Bernardo después, donde, gracias a su temperamento jovial y entregado, fue muy querido por todos.

Julio era un joven altoaragonés de porte esbelto, sonrisa franca y corazón noble, que en 1956 marchaba lleno de ilusión a Martí-Codolar para los estudios de teología, pero durante el segundo curso enfermó gravemente. Transcribimos el testimonio de su director, don Isidro Segarra: «Cuál no fue mi dolorosa sorpresa cuando se me comunicó el resultado final de los análisis: cáncer pulmonar en estado avanzado, con lesión aguda del miocardio». Después de ser atendido durante unos meses en el hospital, volvió al seminario y se le colocó en la habitación en la que Don Bosco pasó algunas horas durante su histórica visita a la finca de los señores Martí-Codolar el 3 de mayo de 1886.

Sobrevivió solo 10 días, acompañado continuamente por un sacerdote y sus compañeros teólogos.

«¡Qué perfecta resignación a la voluntad de Dios y qué serena alegría, pensando en el paraíso, cuando le comuniqué su próxima muerte! ¡Cómo olvidar la escena del santo viático y las palabras que, siempre tranquilo, en medio del llanto de compañeros y superiores, dirigió a todos, aceptando nuestros encargos para la Virgen! Era maravilloso verle y oírle consolar a su madre que, junto a su cama, le atendía y lloraba… Su lecho se convirtió para todos en una verdadera escuela de santidad».

«Murió —sigue diciendo don Isidro— el Sábado Santo, el primero del mes, tal como él mismo había deseado, llevado de su amor a la Virgen. De su mano pasó a formar parte del coro aleluyático en la liturgia celeste de la Pascua». Era el 5 de abril de 1958, vigilia de la fiesta de Pascua.

Siempre se sintió privilegiado por haber nacido el 24 de mayo, fiesta de María Auxiliadora. Al comienzo del mes de mayo de 1957, expresaba así su amor a la Virgen: «Madre, quiero ser la flor más perfumada fruto de la naturaleza en este mes». Y poco antes de meterse en cama, en la novena de la Inmaculada, renovaba su amor ardiente a la Madre, como anota en sus apuntes espirituales.

Concluye su director afirmando: «Premio de su devoción a la Virgen fue su integridad de vida, sus victorias en las luchas juveniles, como para poder afirmar que, tras haberlo conocido íntimamente durante varios años, bajó a la tumba con la inocencia bautismal».

Julio era un joven salesiano alegre y jovial, amante de la música, dotado de una simpatía natural que se ganaba el aprecio de los alumnos, compañeros, superiores y de cuantos le trataban. Oculto bajo una capa de sencilla bondad, albergaba un corazón de oro centrado en los amores de Jesús y María, que afloraron en el momento de su muerte, cuando, con el crucifijo y una estampa de María Auxiliadora, exclamaba: «¡Madre mía, ayúdame! ¡Todo por Vos, Jesús!».

Murió a los 23 años de edad y siete de profesión.