Aldunate Jurío, José

José Aldunate Jurío

Sacerdote (1935-2011)

Nacimiento: Ujué (Navarra), 23 de abril de 1935
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1953
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 14 de abril de 1963
Defunción: Barcelona, 29 de septiembre de 2011

José Aldunate nació en Ujué (Navarra), en el año 1935. Ujué fue el lugar en que se amasó su robusta personalidad humana y cristiana: carácter, familia, fe, cultura. Allí cuajó su identidad como persona y como cristiano. Llevó siempre en el alma y en su corazón la imagen entrañable de su pueblo con la iglesia-castillo, atalaya sobre la Ribera de Navarra. Sus tierras agrestes le configuraron también, dando a su carácter una cierta apariencia de dureza, pero que escondía un corazón sensible y una madura afectividad.

Contaba con 13 años cuando su madre enviudó. El Señor reclamó de ella la entrega de tres de sus hijos al servicio de la Iglesia.

Inició en Huesca el aspirantado que terminó en Sant Vicenç dels Horts. Allí continuó hasta que marchó a L’Arboç del Penedès para hacer el noviciado. También en Sant Vicenç realizó los estudios de magisterio y filosofía para, una vez concluidos, hacer su tirocinio práctico en el Tibidabo, con los niños de la escolanía. Fue enviado después a la Universidad Pontificia de Salamanca para los estudios de teología.

Ordenado sacerdote el 14 de abril de 1963 en Salamanca, su primer destino fue Monzón, y a continuación fue nombrado director de Huesca, donde revitalizó la obra colegial, los estudios, la Asociación de Antiguos Alumnos, los Hogares Don Bosco y la iglesia parroquial de María Auxiliadora. Terrassa lo tuvo de director e impulsor de la escuela profesional en un barrio obrero y pobre.

Mantuvo una estrecha relación con las Hijas de María Auxiliadora, que valoraron en él su seguridad y convicción, el ejemplo de «una persona honrada» y sencilla, buen sacerdote y consejero prudente.

Siendo director de Terrassa, formó parte del consejo inspectorial. Fue al terminar su sexenio en el cargo, cuando asumió la responsabilidad de dirigir la editorial EDEBÉ. No fue una tarea fácil, pero supo afrontar el reto como salesiano, como sacerdote y como un gran profesional. Conjugar Evangelio y gestión no siempre resulta fácil ni cómodo. Ser a la vez director de una editorial con una plantilla de más de 300 profesionales y actuar con criterios de equidad, justicia y respeto a las personas le supuso enfrentarse a situaciones muy delicadas, propias de la gestión profesional.

Al concluir su paso por EDEBÉ, sus más directos colaboradores valoraron su tesón y su capacidad de dedicación al trabajo. «Poseía un corazón sensible y una delicada ternura. Estaba imbuido por el estilo educativo de Don Bosco; era el primero en llegar a su trabajo y el último en salir… Se hizo cargo de una editorial que, contando con una escasa decena de trabajadores, llegó a alcanzar en el año 2000, fecha de su jubilación, más de 300 en plantilla, amén de otras empresas externas a las que daba trabajo. Fue esta década la edad dorada de la editorial, que se extendió allende los mares con la aparición de EDEBÉ Argentina, EDEBÉ México y EDEBÉ Chile».

Cuando se jubiló de esta empresa, tuvo fuerzas para seguir ejerciendo su vocación sacerdotal y trabajó en la parroquia de María Auxiliadora de Sant Boi. Fue tan solo un año el que pudo ejercer su trabajo de vicario parroquial con suficiente lucidez mental. Allí comenzaron los primeros síntomas del Alzheimer, enfermedad de la que tenía algunos antecedentes familiares. Después de un breve paso por las casas de Pamplona y por de Huesca, ya muy enfermo, ingresó en la residencia Nuestra Señora de la Merced de Barcelona, donde falleció el 29 de septiembre de 2011, a los 79 años de edad.

Dicen que lo último que perdió fueron las jotas a su Virgen de Ujué. Las cantaba a tiempo y a destiempo. Lo necesitaba para hacerse presente y decir con el canto que la Virgen estaba en su alma y en su corazón de niño, cuando aprendió a invocarle: «¡Virgen de Ujué, enséñame el camino, que yo no sé!»

Era José un hombre duro para el trabajo, exigente consigo mismo y con los demás, convencido de que su vocación salesiana le llevaba a trabajar siempre por los jóvenes y, en especial, por los más pobres. Se sentía sacerdote y salesiano en todas las circunstancias de la vida, tanto en las clases como en los patios; tanto en la iglesia como cuando tuvo que dirigir una empresa editorial. Era cumplidor de sus deberes hasta el escrúpulo, dispuesto siempre a escuchar antes de tomar una decisión.