Álvarez Fraga, Antonio

Antonio Álvarez Fraga

Sacerdote (1874-1936)

Nacimiento: Sacardebois (Orense), 8 de diciembre de 1874
Profesión religiosa: Sarrià, 28 de agosto de 1906
Ordenación sacerdotal: Orense, 17 de diciembre de 1897
Defunción: Orense, 24 de enero de 1936

«Un sacerdote benemérito, un sacerdote ejemplar y celoso». Con estas palabras prologaba la carta mortuoria el director del colegio de Orense, don José Peiteado.

Tras conocer su vida y su ministerio, podríamos decir que con su actividad, de manera especial al frente de la parroquia del Sagrado Corazón de la casa del Arenal, en Vigo, fue un sacerdote péndulo que iba del altar a los niños y a los pobres y de ellos al altar.

Nació en Sacardebois (Orense) e hizo sus estudios eclesiásticos en el seminario diocesano de la capital. Al terminarlos, recibió la orden sacerdotal, el 17 de diciembre de 1897.

Alma de ardiente celo, fue párroco muy estimado por los feligreses de su pueblo natal por su entrega a la evangelización y espiritualidad de la parroquia.

Cuando más dedicado estaba a su labor pastoral, llega a conocer la Congregación Salesiana, y, atraído poderosamente por la figura de Don Bosco y por el ideal salesiano, pide ser admitido en ella.

Después de un breve tiempo de aspirantado, accede al noviciado en Sarrià, que termina con la profesión en la vida salesiana el día 28 de agosto de 1906.

De carácter fuerte y vehemente, acostumbrado a ordenar y disponer él siempre según sus criterios personales, tuvo que sufrir y notar mucho el cambio, pero lo hizo con generosidad y espíritu sobrenatural, con lo que consiguió ser un salesiano humilde y paciente, lleno de caridad y celo por la salvación de las almas.

No es de extrañar que a don Antonio Álvarez, apenas profesado, le encargaran responsabilidades especiales y delicadas: la primera fue el cargo de catequista de la misma casa de Sarrià; poco después fue nombrado administrador-vicario de la casa de Valencia y, cuando en octubre del año 1914 se pensó en abrir la casa de Talavera de la Reina, fue designado director de la misma.

Al año siguiente, la obediencia lo llevó a regir el colegio y la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús del Arenal, de Vigo. Allí estuvo un sexenio, dejando muy grato recuerdo por su celo pastoral y exquisita caridad con los pobres.

De aquí, la obediencia lo destina a la casa de la Ronda de Atocha, de Madrid, con el cargo de administrador, gozando siempre de la estima y consideración de los hermanos y de la confianza de los superiores, que en él veían al hermano ejemplar, al hombre prudente, de acertado criterio y consejo, al amigo jovial, a la persona que despertaba simpatía en cuantos se le acercaban.

Cuando más entregado estaba en la administración de la siempre compleja casa de Atocha, sede también de la inspectoría céltica, una conmoción cerebral lo llevó al borde de la tumba. A pesar de todos los cuidados que se le prodigaron, ya no pudo recuperar la salud. Los médicos aconsejaron el traslado a su región gallega, clima más benigno que el de la meseta castellana.

Allí, en Orense, al no poder ya trabajar, se dedicaba intensamente a la oración, al ejercicio de la humildad, del consejo prudente y alentador, y, sobre todo, al buen ejemplo.

Por este real camino del sufrimiento y de la soledad se presentó al Padre Dios el día 24 de enero del año 1936, en la casa de Orense.