Maximino Aragón Donís
Coadjutor (1865-1949)
Nacimiento: Fuentes de Valdepero (Palencia), 29 de mayo de 1865
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 24 de octubre de 1915
Defunción: El Campello, 7 de enero de 1949
Nació el 29 de mayo de 1865, en Fuentes de Valdepero (Palencia); sus padres, Dionisio y Cesárea, eran pobres pero honrados aldeanos, que procuraron educarlo honrada y cristianamente. El 26 de noviembre de 1912, los 47 años de edad, llegó al colegio salesiano de Santander, envuelto en una capa típica castellana, que nunca abandonaría.
Don Maximino era —según lo retrata don Basilio— «un campesino, de cabeza redonda, chaparro, de ojos verde claro, sonriente, pausado en su porte, un campesino franco, noble y leal, de hablar pausado y sentencioso, a la par que sonriente, que quería ser salesiano». Tras un tiempo de aspirantado, pasó a Carabanchel Alto para hacer el noviciado, que culminó con la profesión religiosa como salesiano coadjutor, el 24 de octubre de 1915.
En seguida fue destinado a El Campello, para cuidar del campo y contribuir básicamente a la alimentación del numeroso personal de la casa (aspirantes, filósofos, teólogos, superiores…). Trabajaba sin descanso los pequeños huertos de frutales y los campos; cuidaba los cerdos, las gallinas y los conejos, en medio de sabios refranes. No perdía ni una espiga; todo valía para algo. Recogía, guardaba, ordenaba: pobreza no quiere decir abandono, desorden, desinterés.
Era puro y limpio como un ángel en su trato con la gente, en su conversación, en el cuidado de los animales…
Su voluntad podía más que sus años y los superiores lo enviaron a Valencia (1924-1929) para encargarse de la despensa y de los empleados. Luego pasó a Gerona (1931-1939), donde le sorprendió la Guerra Civil, aunque consiguió permanecer en el colegio, convertido en asilo de ancianos. Realizaba diariamente sus prácticas de piedad, escondido en la cuadra. Se confesaba con frecuencia, aprovechando su paseo semanal y llegándose hasta las Hermanitas de los Pobres. Cuentan que en Gerona alguien le simuló un asalto y al oír el ¡Alto! acompañado de la frase: ¿Usted es fraile?, él respondió: «¡Y a mucha honra!».
Terminada la guerra, abandonó Gerona y regresó a El Campello, donde pasó los 10 últimos años de su vida y donde murió el 7 de enero de 1949, a los 83 años, a causa de un fuerte catarro, que degeneró en bronquitis.
Mientras pudo, no faltó al tajo; cuando le faltaron las fuerzas, se convirtió en el mejor rezador. Se pasaba las horas enteras inmóvil ante el sagrario, en oración continua. En sus últimos días, su afán de no ser gravoso a nadie y su inmensa caridad, le produjeron alguna inquietud. A veces decía en broma: «¡El trabajo que os voy a dar…, con lo lejos que está el cementerio!».