Higinio Arce Arce
Coadjutor (1912-2004)
Nacimiento: Ubierna (Burgos), 4 de enero de 1912
Profesión religiosa: Mohernando, 12 de octubre de 1930
Defunción: Arévalo, 25 de febrero de 2004
Nació don Higinio en el pueblo burgalés de Ubierna. En 1923 ingresa en el colegio de Barakaldo. Al año siguiente, va a Astudillo. Eran tantas las penurias que pasaban, que su padre decide llevárselo a casa. El director, don Agustín Liaño, le convence e Higinio continúa. Después de la visita de don Rinaldi y don Binelli, los aspirantes son trasladados al Paseo de Extremadura en 1927. Higinio comienza a ayudar en la zapatería. Inicia el noviciado en Carabanchel Alto y lo termina en Mohernando, recién fundado, donde profesa el 12 de octubre de 1930.
Es destinado durante tres años como maestro a Astudillo. En Atocha se prepara para el servicio militar, que cumple en Santander. Después, es destinado a Atocha, donde se encuentra al estallar la Guerra Civil. Sufre prisión en diversas cárceles. Gracias a un antiguo alumno es liberado. Le facilitan un carné de la CNT. Cae enfermo y le ingresan en un hospital. Consigue un certificado médico de inutilidad y solicita ir a Valencia. En el pueblo de Puzol, pasará el resto de la guerra.
Terminada la contienda, se incorpora a la casa de Astudillo y, después de algún tiempo en Carabanchel, es destinado a la que será la casa de su vida: Atocha. Ejercerá de excelente maestro de zapatería. Entre la clientela, destacan nuncios y obispos, para los cuales debían hacerse zapatillas adecuadas con los cinco colores litúrgicos.
Desde sus primeros años como salesiano, Higinio fue entusiasta de la labor del oratorio. En 1927, don José Sabaté había creado el círculo Domingo Savio, agrupando a los catequistas mayores del oratorio y a los alumnos que terminaban el colegio. Después de la guerra, don Higinio fue su encargado durante 25 años. Su labor fue encomiable: liturgia, oración, teatro, excursiones, búsqueda de empleo. Una vez que terminó su labor de maestro de taller y se fueron transformando los oratorios en centros juveniles, continuó con su relación y ayuda a los antiguos alumnos. Se le destina después a la casa inspectorial, don de será fiel cartero, portero y encargado de las visitas, proverbial por su amabilidad y cortesía.
Deteriorada su salud, es trasladado a la residencia Felipe Rinaldi de Arévalo, donde fallece el 25 de febrero de 2004, a los 92 años de edad.