Asurmendi Aramendía, Miguel

Miguel Asurmendi Aramendía

Obispo (1940-2016)

Nacimiento: Pamplona, 6 de marzo de 1940
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1957
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 5 de marzo de 1967
Ordenación episcopal: Monasterio de Veruela del Moncayo (Zaragoza), 30 de septiembre de 1990
Defunción: Pamplona, 9 de agosto de 2016

Nació en Pamplona el 6 de marzo de 1940, en una familia intensamente cristiana y entrañable. Sus padres, Lucas y Dominga, tuvieron cinco hijos, de los que entregaron al Señor su único hijo varón, Miguel, y dos de sus hijas, religiosas Hermanas de la Caridad de San Vicente Paúl.

Ingresó en el aspirantado del Tibidabo y después en el de Gerona. Hizo el noviciado en L’Arboç del Penedès, donde emitió su primera profesión religiosa el 16 de agosto de 1957. Siguieron los tres años de estudios de filosofía y magisterio en Sant Vicenç dels Horts. El trienio práctico lo realizó en Ibi (1960-1962) y Elche-San Rafael (1962-1963).

Los cuatro años siguientes los pasó en Martí-Codolar estudiando teología y preparándose a la ordenación sacerdotal, que recibió el 5 de marzo de 1967. Pasó inmediatamente al Pontificio Ateneo Salesiano (PAS) de Roma, donde se licenció en Filosofía. Al tiempo que realizaba los estudios eclesiásticos, cursó también estudios de música y piano.

Tras su paso por el estudiantado filosófico de Godelleta (1969-1970) como profesor y consejero escolástico, ejerció durante otros dos cursos esta misma labor en el colegio salesiano de Valencia-San Antonio Abad, al cabo de los cuales fue nombrado director de la casa de Zaragoza (1972-1978). Fue destinado después como director a la nueva comunidad del postnoviciado «San Vicente Ferrer» de Valencia, siendo al mismo tiempo consejero inspectorial (1978-1983).

Allí le sorprendería el nombramiento de inspector. Lo fue de la inspectoría San José de Valencia durante siete años (1983-1990) que, vistos en su conjunto, ofrecen una impresión de densa solidez, pues, desaparecidos los problemas que habían alterado el curso en los años anteriores, la vida y actividad de las comunidades recobraron un ritmo normal y sereno, tomando como base el XXII Capítulo General (CG) celebrado en Roma en 1984 y los capítulos inspectoriales de 1986 y 1989.

Tres eventos contribuyeron a conseguir ese clima positivo: la celebración de XXV aniversario de la creación de la inspectoría, fundada el 25 de septiembre de 1983; la visita a la inspectoría del rector mayor, don Egidio Viganò, del 30 de abril al 2 de mayo de 1986: «Fue una pulmonada de aire fresco», escribió don Miguel; y la celebración del centenario de la muerte de Don Bosco, en 1988, que constituyó para toda la inspectoría una verdadera revitalización de la figura de Don Bosco y del espíritu salesiano en nuestras comunidades y casas.

Dos líneas esenciales siguió don Miguel en su dedicación a la animación de la inspectoría: la intensificación de la formación inicial y permanente de los salesianos y, en segundo lugar, la puesta en práctica del proyecto educativo-pastoral aplicado a la pastoral juvenil, a la pastoral vocacional y a los centros educativos.

Florecieron o cobraron nuevo empuje el «Proyecto Mali», el «Grupo martes», la Federación de los centros juveniles, las escuelas de tiempo libre en Zaragoza y Valencia, los grupos de la Familia Salesiana, las nuevas parroquias (El Campello, Albacete y Zaragoza)…

La concesión de la dignidad episcopal puso el broche de oro a estos siete años de inspector. El día 27 de julio de 1990, a las 12 horas, radio vaticana difundía la noticia oficial del nombramiento de don Miguel Asurmendi como obispo de Tarazona (Zaragoza).

La consagración episcopal tuvo lugar en el monasterio de Veruela del Moncayo (Zaragoza), en medio de un gran fervor salesiano, a manos del entonces nuncio apostólico en España, monseñor Mario Tagliaferri, y teniendo como co-consagrantes en la ceremonia al entonces prefecto del Archivo Vaticano y de la Biblioteca Vaticana, el cardenal salesiano don Antonio María Javierre Ortás y al entonces arzobispo de Zaragoza, monseñor Elías Yanes Álvarez. La presencia salesiana estuvo encabezada por el rector mayor, don Egidio Viganò, el superior regional don Antonio Rodríguez Tallón, y el nuevo inspector de Valencia, don Cándido Orduna, a los que se sumaron familiares, numerosos salesianos y amigos llegados de las diversas casas salesianas de España.

Su paso por la diócesis de Tarazona (1990-1995) supuso un cambio radical en su vida de pastor, que no le debió resultar fácil, y en la que muy pronto empezó a distinguirse por una serie de actitudes típicamente salesianas: «Hombre sencillo, bonachón, humano, cercano a las gentes de aquellos pueblos. Pero a la vez firme en aquellas cosas que veía claramente que había que llevar adelante. Sin protagonismo ni parafernalias que lo alejasen de sus fieles… Supo no pasar de largo en el contacto con las personas» (Tomás López, sacerdote de Tarazona). Visitó las 140 parroquias de su diócesis, dio nuevo impulso a la restauración de la catedral, clausurada parcialmente desde 1984 y totalmente desde 1991. En 1992, por el impulso del espíritu de los sacerdotes, religiosas y laicos surgió una comunidad misionera en Cochabamba (Bolivia), que creó una corriente de colaboración en tantas personas e instituciones.

El 8 de septiembre de 1995, el papa Juan Pablo II lo nombraba obispo de Vitoria, y el 4 de noviembre de ese mismo año sucedía en esa sede a monseñor José María Larrauri. Lo fue hasta el 8 de enero de 2016 y administrador apostólico hasta el 12 de marzo de ese mismo año.

A lo largo de estos más de 20 años, desarrolló su labor de pastor llegando hasta los últimos rincones de su diócesis, mostrando, de continuo, disposiciones y actitudes que lo caracterizaban:

– Interés constante por los pobres y marginados, apoyo a las organizaciones e iniciativas eclesiales de respuesta a situaciones y necesidades concretas, como Cáritas diocesana, centros de cultura popular promovidos por la Acción Católica, Fundación Jeiki en la lucha contra la drogodependencia, cesión de inmuebles para la instalación de un centro de acogida de menores extranjeros no acompañados gestionado por la Diputación Foral y de dos viviendas para inmigrantes jóvenes gestionadas por comunidades de escolapios y corazonistas respectivamente.

– La permanente preocupación por las cuestiones relativas a la pacificación y reconciliación social.

– El interés y esfuerzo personal con perseverancia durante varios años por conocer y utilizar pastoralmente el euskera.

Principales actuaciones de su incesante labor pastoral:

– Los planes de evangelización y remodelación pastoral en la línea que posteriormente subrayaría el papa Francisco en la Evangelii Gaudium.

– El reconocimiento efectivo de la importante función de la mujer en la vida y misión eclesial, poniendo a distintas mujeres al frente de diversos servicios pastorales.

– El convenio con la Diputación Foral alavesa para la creación de un museo diocesano de arte sacro, inaugurado en 1999.

– Creación de la fundación «Catedral Santa María» junto con la Diputación Foral de Álava y el Ayuntamiento de Vitoria para la restauración integral del templo, que fue reabierto al culto a mediados del año 2014.

– Impulsó la creación de la residencia sacerdotal Joaquín Goikoecheaundía, abierta desde el año 2000.

– Promoción de la causa de beatificación del arquitecto y sacerdote diocesano don Pedro de Asúa y Mendía, asesinado en agosto de 1936, y proclamado beato en la catedral de María Inmaculada el 1 de noviembre de 2014.

– Celebración del 150 aniversario de la creación de la diócesis de Vitoria, erigida en 1862, con la puesta en marcha de diversas acciones de carácter evangelizador y de servicio a los pobres.

– El 13 de enero de 2001, acogió en su diócesis el encuentro de oración promovido por las diócesis vascas y de Pamplona-Tudela. En la campa de Mendizabala se reunieron más de 40.000 personas convocadas con el lema «Entre todos, PAZ para todos».

– El 11 de julio de 2009, en la catedral de María Inmaculada, don Miguel presidió, junto con los obispos de San Sebastián y Bilbao, la celebración del funeral por 14 sacerdotes fusilados en 1936 y 1937 en diversos lugares de la entonces diócesis de Vitoria por los vencedores de la Guerra Civil, precedida por el documento titulado «Purificar la memoria, servir a la verdad, pedir perdón».

– Desde su llegada a Vitoria, asumió la función de obispo delegado para las Misiones Diocesanas sostenidas por las diócesis vascas. Cuidó especialmente la relación con los obispos a los que se enviaban misioneros y atendió la situación particular de los laicos y sacerdotes enviados, especialmente en Angola y Ecuador. Numerosos religiosos y religiosas oriundos de la diócesis donde trabajaban como misioneros o misioneras en los más diversos países, aprovechando sus períodos de descanso con la familia, visitaron con frecuencia al obispo de Vitoria, en el que siempre encontraron una acogida cordial y una ayuda generosa.

El día 5 de marzo de 2016, la diócesis de Vitoria despedía a don Miguel con gratitud y cariño, felicitándolo por sus Bodas de Plata episcopales. Esa fecha coincidía con su 76 cumpleaños. Estaba a punto de completar los 20 años, cuatro meses y ocho días de su servicio como pastor de la Iglesia diocesana de Vitoria.

Pasó a vivir a su querida Pamplona, donde, además de descansar de sus trabajos apostólicos y reponer su maltrecha salud, pensaba dedicarse a otros servicios pastorales.

Pero inesperadamente le llamó el Señor a tomar posesión del Reino, como siervo bueno y fiel. Era el 9 de agosto de 2016. Sus familiares, movidos por la extrañeza de que no respondiera a las llamadas telefónicas, se presentaron en su domicilio y lo encontraron ya fallecido a consecuencia de una crisis cardíaca. Terminaba así sus días, sin hacer ruido ni molestar a nadie, en la misma ciudad de Pamplona que le había visto nacer 76 años antes.

Los funerales se celebraron el 11 de agosto de 2016 en la catedral de Santa María de Vitoria, presididos por el titular de la diócesis, monseñor Juan Carlos Elizalde. Con él concelebraron varios obispos, entre ellos don Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española. Acudieron representantes de las diversas instituciones públicas, así como salesianos y personas desde Pamplona y Tarazona, su primer destino como obispo.

Terminada la liturgia eucarística, el féretro fue trasladado a la cripta de los obispos, lugar preparado para acoger sus restos, según deseo que el mismo don Miguel manifestó en reiteradas ocasiones.