Manuel Baeza Fernández
Coadjutor (1885-1972)
Nacimiento: Fuentes de Andalucía (Sevilla), 15 de febrero de 1885
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 5 de septiembre de 1902
Defunción: Carmona (Sevilla), 3 de septiembre de 1972
Manuel nace en Fuentes de Andalucía (Sevilla) en 1885. Y aunque los salesianos no llegarán a Fuentes hasta 1919, él los conocería por amigos que estudiaban en Utrera o en Sevilla-Trinidad, donde se encontraba en el curso 1899-1900, estudiante de latín, entre los llamados hijos de María.
Es la generación formada por don Pedro Ricaldone, que ejercía de inspector sin dejar la dirección de la Santísima Trinidad, sede inspectorial, y entonces también sede provisional del aspirantado y, a poco, del noviciado (1902). A Manuel le toca todavía desplazarse a Sant Vicenç dels Horts (Barcelona), noviciado nacional, que inicia el 9 de noviembre de 1900 y que concluye con la profesión temporal el 5 de septiembre de 1902.
Y, sin más, comienza una dilatada vida entregada plenamente a los jóvenes en la misión de la enseñanza que ejerció en las clases mientras sus fuerzas se lo permitieron. Profeso, lo vemos siempre asistente y maestro de enseñanza primaria, en Montilla, en Écija, ya clérigo de votos perpetuos, emitidos en Sevilla, el 19 de septiembre 1905, para trasladarse año tras año, hasta 1919, por las casas de San José Valle, de Sevilla (primero en San Benito de Calatrava y luego en la Trinidad), por las de Cádiz y de Carmona, simultaneando la docencia con los estudios de teología, pero sin recibir ningún ministerio ni orden.
En 1919 se traslada a la inspectoría céltica, con sede en Madrid-Atocha, 20 años, hasta 1939, en las casas de Santander, Vigo-San Matías (1923-1925), La Coruña (1925-1929), ya como coadjutor de votos perpetuos. Barakaldo (1929-1932) y Vigo-San Matías de nuevo (1932-1938).
Manuel, siempre como coadjutor, vuelve a la inspectoría bética y trabaja con recuperado entusiasmo, en las casas de Écija (1938-1939), Triana (1940-1941), Córdoba (1941-1952), Sevilla-Trinidad (1952-1954), y el resto de su vida, casi 20 años, en Carmona (1954-1972).
Su gran amor a la Congregación y a los superiores le anima siempre en su trabajo. Fue un formidable trabajador, que se consumió en la misión. Un hombre que a su avanzada edad disfrutaba dando clase de idiomas, siendo además, como salesiano coadjutor de solera, un apreciado maestro de música y de banda.
Manuel moría repentinamente el 3 de septiembre de 1972, siendo el único salesiano, de los tres fallecidos en Carmona, que fue sepultado en este cementerio hasta que, en 1998, sus restos fueron exhumados, para reposar junto a sus hermanos salesianos en el panteón de Sevilla.