Vicente Ballester Domingo
Sacerdote (1902-1984)
Nacimiento: Valencia, 23 de junio de 1902
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1920
Ordenación sacerdotal: Turín, 6 de julio de 1930
Defunción: Martí-Codolar, 14 de enero de 1984
Nació el 23 de junio de 1902 en Valencia; sus padres, Francisco y Esperanza, muy pronto lo inscribieron como alumno en el colegio salesiano de la ciudad, dirigido por el padre Viñas.
A los 13 años marchó al aspirantado de El Campello y el 24 de julio de 1919 inició en Carabanchel Alto el noviciado, que culminó con la profesión religiosa el 25 de julio de 1920. Tras los dos años de estudios de filosofía también en Carabanchel Alto, en 1922 fue destinado al colegio de Mataró, donde ejerció el magisterio durante cuatro años. Marchó después a Turín-La Crocetta para estudiar teología. Allí recibió la ordenación sacerdotal el 6 de julio de 1930.
Estuvo destinado en Alcoy y en Gerona como catequista del estudiantado filosófico, donde le sorprendió la Guerra Civil. Habiendo logrado pasar a Francia, en Montpellier y Marsella hizo de enlace con los salesianos españoles que huían del conflicto, a quienes recibía y ayudaba.
En 1937 regresó a España como secretario particular del obispo de Pamplona, el salesiano monseñor Marcelino Olaechea. Escribió 84 folios poligrafiados sobre don Marcelino Olaechea y Loizaga, que recogen los recuerdos de los años pasados en convivencia con él.
Fue después director durante seis años de la escuela Floreaga de Azkoitia y nueve años fue el incaricato y director del colegio de Burriana (1944-1953), donde trabajó con denuedo para ampliar el colegio y terminar la iglesia. Marchó después a fundar la casa de Ripoll y durante cinco años fue director y padre maestro de novicios en L’Arboç del Penedès.
Pasó después a Sarriá y trabajó primero como delegado inspectorial de cooperadores y antiguos alumnos, luego como vicario inspectorial y después como secretario. Siguió en Can Prats durante cinco años y su último año lo pasó en Martí-Codolar, clavado en una silla de ruedas. Allí murió el 14 de enero de 1984, a los 81 años de edad y 61 de profesión religiosa.
Don Vicente era la síntesis perfecta del hombre sencillo, entusiasta y de una bondad exquisita. Su vida fue la realización de un formidable proyecto religioso, un gran testimonio de fidelidad a los valores y tradiciones salesianas. Fue un hombre de Dios, riguroso consigo mismo, asceta y piadoso, entusiasta propagandista de María Auxiliadora.
Tenía un gran aprecio a la Congregación y a los superiores; Don Bosco era siempre su punto de referencia en sus actuaciones e incluso en sus criterios personales. Siendo padre maestro en L’Arboç, muchas personas acudían de los pueblos vecinos para confesarse o recibir consejos, impresionados por su piedad y su alegría salesiana.
Ya desde niño, era un artista en el teatro y, de sacerdote, en el púlpito. De su corazón salía la palabra bien dicha para enseñar, declamar y predicar. Gran aficionado al arte, llenó de estupendas pinturas la casa del noviciado.
Fue sobre todo un salesiano sensible, un hombre de gran corazón, artista de la palabra y del pincel. Su característica dominante fue la bondad.