Barrientos Aguado, Daniel

Daniel Barrientos Aguado

Coadjutor (1926-1975)

Nacimiento: Cerecinos (Zamora), 31 de mayo de 1926
Profesión religiosa: Astudillo, 16 de agosto de 1964
Defunción: Astudillo, 27 de octubre de 1975

Nació en Cerecinos, un pueblo vecino a Zamora, el 31 de mayo de 1926. El pueblo es eminentemente agrícola y ese fue el ambiente en que creció Daniel, adquiriendo gran experiencia, madurando en responsabilidad y valorando la dureza del trabajo y el coste de las cosas, lo que creó en él el sentido de austeridad que manifestó en toda su vida. La familia tuvo necesidad de trasladarse a vivir a Zamora, muy cerca de la Universidad Laboral, regentada por los salesianos.

Estableció contacto con los salesianos y se decidió a probar su posible vocación religiosa en el aspirantado de Medina del Campo. Daniel traía, cuando ingresó en la Congregación, a sus 38 años, una formación cristiana, católica y humana muy sólida, que adquirió durante el tiempo que perteneció a la Acción Católica, en la rama de la HOAC, por lo que no le costó adaptarse a la praxis salesiana.

Así lo ratificaron los formadores del estudiantado filosófico de Medina del Campo en el informe que emitieron de él para su ingreso en el noviciado: piadoso, responsable, trabajador, de muy buen carácter… ¡Magnífico! En el mismo sentido se manifestaron los formadores del noviciado, para la admisión a la primera profesión religiosa: bien dispuesto al trabajo espiritual y material; piadoso y delicado de conciencia, responsable…

Terminado el noviciado en Astudillo y emitidos los votos religiosos el 16 de agosto de 1964, siguió destinado en la misma casa con encargos de diversa responsabilidad. Una de sus preferencias fue la enfermería. En este empeño puso todo su cariño con los aspirantes, su interés por los novicios y, sobre todo, en el cuidado generoso y sacrificado de don Valentín Grasso. Pero, además, desarrolló una labor importantísima como verdadero factótum de la casa salesiana. Lo mismo estaba en la huerta que en la granja, en el monte que en la despensa, vigilando y orientando la cocina, en la siembra y en la cosecha, en la enfermería, en el patio con los niños…

Fue exigente consigo mismo y, dado su carácter, demostraba su disconformidad con las cosas mal hechas o las que quedaban sin hacer. Era querido y apreciado de todos por su bondad, sencillez y espíritu de servicio hacia personas que pudieran necesitar de él.

Con frase bíblica, se puede afirmar que Daniel fue varón de dolores, como él mismo dejó escrito en su diario íntimo. Fue un dolor el suyo llevado con un talante espiritual y humano tal que no mermó nunca su entera dedicación al trabajo, que era su pasión.

El día 27 de octubre de 1975, tras una larga y dolorosa enfermedad, y tras varias intervenciones quirúrgicas, soportadas con gran entereza y resignación, dejó esta vida para entrar en la auténtica Vida, a los 49 años de edad.