Batalla Parramón, José

José Batalla Parramón

Sacerdote (1873-1936)

Nacimiento: Abella (Lérida), 15 de enero de 1873
Profesión religiosa: Sarrià, 7 de diciembre de 1894
Ordenación sacerdotal: Sarrià, 22 de septiembre de 1900
Defunción: Barcelona, 4 de agosto de 1936
Beatificación: Roma, por el papa Juan Pablo II, el 11 de marzo de 2001

Nació en Abella (Lérida) el 15 de enero de 1873.

De niño, sus paisanos le llamaban el santito, debido a que, gracias a él, se conseguían curaciones inexplicables. A los 20 años entró en el colegio salesiano de Sarrià, donde profesó el 7 de diciembre 1894. Se ordenó sacerdote el 22 de septiembre de 1900.

Una vez sacerdote, volvió a la casa de Sarrià, donde pasó casi toda su vida como enfermero. No salió de ella más que para ser director de Sant Vicenç dels Horts.

Durante más de 30 años fue uno de los grandes personajes de la casa de Sarrià. Casi había que subir ex profeso a la enfermería para poder verle… porque salía muy poco de ella.

En la enfermería tenía su cama, mesa, silla, altar, cocina y botiquín. Según testimonio de don Mariano Laborda, antiguo alumno de Sarrià, hacía de buen samaritano para con todos: educadores, educandos y personal auxiliar. Parecía San Juan de Dios. Se distinguió por la exactitud en el cumplimiento de sus obligaciones y la fidelidad a las Constituciones y por la práctica casi heroica de la penitencia.

Durante la Guerra Civil, cuando, el martes 21 de julio de 1936, los salesianos fueron expulsados de la casa de Sarrià, don Josep Batalla y el señor Josep Rabasa consiguieron de los nuevos amos —Esquerra Republicana y los milicianos— la autorización necesaria para atender a los heridos de guerra. Pero el día 31 la casa salesiana dejó de funcionar como hospital de sangre y entonces los dos salesianos se vieron echados a la calle.

Pasaron unos pocos días refugiados en casa de doña Emilia Munill Capell, pariente del padre Batalla, donde llevaron una vida normal, utilizando incluso sus libros de oración.

El antiguo alumno don José Pérez Gómez les había preparado los pasaportes para trasladarse a Italia. Pero, antes de ir a recogerlos al lugar convenido, decidieron volver a Sarrià para recoger sus cosas personales. Fueron entonces reconocidos en el tranvía por unos milicianos. Y, al llegar a don José, le preguntaron: «¿Eres cura?». «Sí, lo soy», respondió. Fueron detenidos y asesinados, sin consideración alguna a su avanzada edad.

A las 18.00 horas, ingresaban los cadáveres de los dos salesianos en el Hospital Clínico de Barcelona.