Rafael Bellver Crespo
Coadjutor (1920-1984)
Nacimiento: Alcoy (Alicante), 10 de diciembre de 1920
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1947
Defunción: Alicante, 12 de febrero de 1984
Rafael fue un salesiano coadjutor con alma de niño, que pasó por la vida repartiendo bondad, con sencillez y sin hacer ruido. Y se nos fue de la misma manera, como de puntillas, víctima de una gripe y de un paro cardíaco en la madrugada del domingo 12 de febrero de 1984, en el colegio Don Bosco de Alicante, a la edad de 63 años.
Había nacido el 10 de diciembre de 1920 en Alcoy (Alicante), en lo que fue la casa del antiguo patronato de la Juventud Obrera que fundara Mosén Chusep, quien el día 12 del mismo mes lo bautizó en la parroquia de San Mauro, ante el grupo de niños del patronato que le acompañaron en la ceremonia.
Fueron Gaspar y Mercedes los padres de una familia numerosa de ocho hijos, formada a la sombra del colegio salesiano, en la que brotaron dos vocaciones salesianas, Rafael y su sobrino Vicente Ferri, misionero en África.
A los 6 años entró en el colegio salesiano, donde se distinguió por su hermosa voz, lo que le valió ser solista en el coro y protagonista en las zarzuelas de la Galería Salesiana. Al finalizar sus estudios, siguió colaborando con el colegio. Pero pronto comenzaron los problemas: el padre muere en 1935, estalla la Guerra Civil en 1936, su hermano mayor, militar, es asesinado, y la familia hubo de dispersarse por los pueblos de la región.
Pasada la guerra, Rafael se incorporó al mundo del trabajo, como empleado de correos y de una fábrica textil; formó parte de la junta parroquial de Acción Católica, colaboró como catequista en el colegio…
Pero en 1945, a sus 25 años, dando un giro total a su vida, se marchó como aspirante a Valencia-San Antonio. Un año más tarde comenzó el noviciado en Sant Vicenç dels Horts, donde profesó el 16 de agosto de 1947.
Trabajó después en Gerona, Barcelona-Rocafort, Alicante, Valencia-San Antonio y de nuevo Alicante, desde 1959 hasta su muerte.
Rafael amó su vocación y se sentía feliz. Así lo manifestó una y otra vez a sus hermanos y a su madre, que vivió hasta los 93 años. Estas fueron las últimas palabras de Rafael dichas a su familia en la que sería su última reunión familiar, el 1 de enero de 1984: «Cada día que pasa, estoy más contento y entusiasmado en la Congregación Salesiana».
Fue el típico coadjutor salesiano, trabajador, sereno y amigo de los muchachos: siempre con ellos, en clase, en la iglesia, en el patio, en el rincón de la librería, en los paseos, en el teatro, en el círculo Domingo Savio… Nadie mejor que los niños para retratar a un salesiano. Y este fue el retrato que hicieron de Rafael: «Era una buena persona, un amigo que se hacía niño con nosotros. Era un trabajador, siempre estaba haciendo algo, nunca le veíamos parado, tenía poca pereza para trabajar y mucha fuerza de voluntad. Se le veía contento y orgulloso de ser salesiano; cómo nos hablaba de Don Bosco, de María Auxiliadora, de las misiones…».
Murió en el año cincuentenario de la canonización de Don Bosco. En Alcoy, con ocasión de dicha canonización, un muchacho colocaba una corona a la estatua de Don Bosco proclamado santo: era Rafael. Cincuenta años después, aquel mismo muchacho, a sus 63 años, era quien recibía la corona a su carrera salesiana bien hecha, concedida por Don Bosco en el cielo.