Berlanga Jiménez, Baldomero

Baldomero Berlanga Jiménez

Sacerdote (1912-1992)

Nacimiento: Aguilar de la Frontera (Córdoba), 8 de mayo de 1912
Profesión religiosa: San José del Valle, 1 de noviembre de 1932
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 24 de junio de 1945
Defunción: Córdoba, 16 de febrero de 1992

Nace en plena campiña cordobesa en el pueblo de Aguilar de la Frontera el 8 de mayo de 1912. Su madre lo presenta en febrero de 1928 al director del cercano colegio san Francisco Solano de Montilla (Córdoba), Antonio do Muiño Casal, y junto con un grupo de compañeros ingresa en el noviciado de San José del Valle en 1931, donde hará sus primeros votos religiosos. La filosofía y la preparación pedagógica las continúa en el mismo pueblo gaditano de 1931 a 1934.

Dado el ambiente dificultoso y la Guerra Civil, su tirocinio práctico se prolonga a siete: cuatro años en Cádiz (1934-1938), dos años en Écija (Sevilla, 1938-1940) y un año en el colegio de Sevilla-Trinidad (1940-1941). Los estudios teológicos los realiza en Madrid-Carabanchel Alto, donde será ordenado el 24 de junio de 1945.

Comienza su trabajo sacerdotal en Córdoba, como encargado de la enseñanza primaria. Durante toda su vida desempeñará este cargo por donde vaya: Cádiz, Pozoblanco (Córdoba), Granada, en el colegio de Santa Teresa de Ronda, Montilla y en Córdoba (1970-1992). Solo estará ausente de Córdoba el año que dedicará a la formación permanente en la casa salesiana de Martí-Codolar (1973-1974). Impartirá clases de religión hasta el curso 1990-1991.

Siempre presente en los recreos, es el alma de los juegos, animando a la participación activa.

En sus años de trabajo desarrollará actividades con entusiasmo, constancia y dedicación a los niños y jóvenes en los ensayos con la rondalla y la banda de cornetas y tambores y sus desfiles por los pueblos, al estilo de Don Bosco, las excursiones a Sevilla y Huelva, los juegos originales para mover los alumnos del patio (el rubicesto) y sus más de 100 campamentos juveniles por toda España.

Su salud de hierro comenzó a dar señales de debilidad en 1987 con algún problema cardiovascular. Tras su jubilación de clases en 1991, una serie de problemas de salud le llevan al Hospital de Córdoba, donde el 16 de febrero de 1992 fallece.

Fue un hombre popular, de piedad sencilla, aficionado a los refranes, siempre rodeado de los niños de primaria o EGB y cercano a los profesores, para los que era atento y cordial. El patio fue su cátedra, y él mismo fue ejemplo para salesianos y profesores de auténtica salesianidad y entrega generosa.