Bonis, Salvador

Salvador de Bonis

Sacerdote (1919-2002)

Nacimiento: Pietragalla-Potenza (Italia), 5 de noviembre de 1919
Profesión religiosa: Villa Moglia-Turín, 3 de septiembre de 1936
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 20 de junio de 1948
Defunción: Roma, 3 de enero de 2002

Nació el 5 de noviembre de 1919 en Pietragalla, provincia de Potenza (Italia); hizo el aspirantado en Bagnolo, el noviciado en Chieri-La Moglia (1935-1936) y los estudios de filosofía en Turín-Rebaudengo (1936-1942), licenciándose con la tesis sobre Menéndez Pelayo y los krausistas. Realizó el tirocinio práctico en Gerona (1942-1944), como asistente de los filósofos. Estudia teología en Carabanchel (1944-1948), siendo ordenado sacerdote por monseñor Eijo Garay el 20 de junio de 1948.

Es destinado a Gerona como consejero escolástico de los estudiantes de filosofía hasta 1952, en que es nombrado director de los aspirantes en Sant Vicenç dels Horts y de Gerona hasta 1958.

Al año siguiente es nombrado director de los estudiantes de filosofía de Sant Vicenç dels Horts. Seguidamente marcha como inspector de Paraguay (1959-1965). De 1965 a 1972 fue inspector de São Paulo (Brasil) y director por un año de los estudiantes de teología en Messina (Italia). Inspector de Roma (1973-1979), director del instituto salesiano SS. Redentore en Bari (Italia) hasta 1982, en que es nombrado director de la comunidad salesiana en el Vaticano (1982-1991). De 1991 a 2000 marcha a la parroquia de Castel Gandolfo y, finalmente, al Testaccio (2000-2002), donde falleció el 3 de enero de 2002, a los 82 años de edad.

Fue un salesiano ejemplar, trabajador incansable, dinámico e intrépido, que dejó siempre huellas de su presencia. Hombre de gran corazón, religioso observante, muy fiel en la amistad, de corazón grande y generoso, humano y austero, amante de Don Bosco y de la Congregación, fiel a su vocación sacerdotal y salesiana.

Como director de los estudiantes del aspirantado y filosofía se mostró siempre cercano, jovial y comunicativo con todos ellos, dando un nuevo impulso a la vida de aquellas casas en momentos de gran fecundidad vocacional, pero con grandes problemas económicos que él suplió con la ayuda de cooperadores, cuya simpatía se ganó con su jovialidad y amable trato. Este carácter cordial hizo que sus relaciones con todos fueran excelentes no solo con los salesianos y los alumnos, sino también con las autoridades públicas. Mostró siempre una gran veneración por los superiores mayores, a los que consultaba con frecuencia. Estaba dotado de una gran capacidad organizativa que puso de manifiesto en todas las actividades que desempeñó.