Caballero Gallego, Manuel

Manuel Caballero Gallego

Sacerdote (1927-2006)

Nacimiento: Aldeadávila de la Ribera (Salamanca), 14 de abril de 1927
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1946
Ordenación sacerdotal: Madrid, 26 de junio de 1955
Defunción: Cádiz, 30 de agosto de 2006

Nació el 14 de abril de 1927 en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca). Era el tercero de siete hermanos, hijo de Andrés y María. Había en la familia dos tíos dominicos.

Con 14 años, ingresa en el aspirantado de Montilla (1941-1945). Pasa al noviciado de San José del Valle y emite la profesión el 16 de agosto de 1946. Continúa sus estudios de filosofía en Nuestra Señora la de Consolación en Utrera (1946-1948). Los años del trienio práctico los realiza en la casa de la Trinidad de Sevilla (1948-1951). Marcha a Carabanchel Alto para estudiar teología. Es ordenado sacerdote el 26 de junio de 1955.

Desarrolló su labor en las casas de Ronda (1955-1956); Alcalá de Guadaíra (1956-1957), como profesor y jefe de estudios; la Universidad Laboral en Sevilla (1957-1961), como director del Colegio Miguel de Mañara; Puerto Real (1961-1966), como director y rector de la Institución Sindical Virgen del Carmen; y Cádiz (1966-1972), como director en una época difícil.

Marchó a Quito (1972-1974), donde obtuvo la licenciatura en Pedagogía. Vuelto a España, es destinado a Campano (1974-1977), como director; Cádiz (1977-1980); colegio mayor en Sevilla (1980-1981), como administrador y delegado inspectorial de escuelas; Triana (1981-1987), como director; colegio mayor de Sevilla (1987-1988); Huelva (1988-1991), como director; Trinidad (1991-1992), como profesor; y en Cádiz es reclamado por el obispado como delegado episcopal de enseñanza (1992-2004).

Es aquí (2004-2006) donde desempeña todo tipo de servicios de animación pastoral con los diversos grupos de la Familia Salesiana. El 18 de junio de 2005 celebra sus Bodas de Oro sacerdotales.

Falleció tras un final rápido e inesperado, el 30 de agosto de 2006, a los 79 años de edad.

Era un hombre cercano, acogedor y conciliador, amable y de gran corazón con el que se granjeó toda una gran red de amigos. Fue un defensor a ultranza de la enseñanza religiosa en los centros públicos y concertados. Estuvo al servicio de la escuela como plataforma de evangelización. Fue un salesiano eficaz y trabajador en sus cargos de responsabilidad. Se entregó a los antiguos alumnos, a los que consideraba «mi único patrimonio». Enamorado y devoto de María Auxiliadora, fue un gran propagador de su devoción.