Enrique Canut Isús
Sacerdote (1874-1936)
Nacimiento: Llessui (Lérida), 17 de febrero de 1874
Profesión religiosa: Sarrià, 23 de mayo de 1894
Ordenación sacerdotal: Béjar, 21 de septiembre de 1901
Defunción: Ronda, 24 de julio de 1936
Beatificación: Roma, por el papa Benedicto XVI, el 28 de octubre de 2007
Nació el 17 de febrero de 1874 en Llessui (Lérida). A los 16 años ingresó en el seminario de Urgell (Lérida), donde permaneció durante dos años.
El 20 de octubre de 1892 marchó al aspirantado salesiano de Sarrià, atraído por la figura de Don Bosco y deseoso de dedicar su vida a los jóvenes. Allí mismo, un mes y medio más tarde, inició el noviciado y el 23 de mayo de 1894 emitía la profesión perpetua. Al curso siguiente hizo los estudios de filosofía.
El trienio de prácticas pedagógicas lo realizó en las casas de Sevilla y Santander; aquí simultanea sus actividades con los estudios teológicos, que prosigue en Barcelona, en las comunidades de Rocafort y Sarrià (1898-1900). Fue ordenado presbítero el 21 de septiembre de 1901 en Béjar, donde, después, durante tres años ejerció el cargo de jefe de estudios.
Fue enviado más tarde a Cádiz como confesor para cuatro años y otros cuatro a Sevilla (1908-1912), encargado del externado, de los antiguos alumnos y fundador del primer «Círculo de Domingo Savio» entre los antiguos alumnos más jóvenes. Tras un curso en Carmona, lo encontramos como confesor en Cádiz (1913-1927) y en el colegio «Sagrado Corazón» de Ronda (Málaga, 1928-1936).
Al estallar la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936, cuando dispersaron a los salesianos el 24 de julio, él se va con el director a casa del cooperador don José Fuster, que pocos días después será asesinado «por amigo de los curas».
Al atardecer de ese mismo día, varios milicianos se presentaron en casa de los Fuster reclamando a los dos salesianos. Los sacan de la casa y los conducen al campo. Don Enrique (de 62 años) no puede andar más aprisa, apenas veía, y el director estaba cansado; caen varias veces y a trompicones logran llegar al Huerto del Gómez. Allí los milicianos discuten, los atan con alambre y uno tras otro son asesinados entre peñascos en el sitio llamado Corral de los potros, en las cercanías de Ronda.
Sus cuerpos quedaron cerca de 24 horas en el lugar del asesinato, expuestos a los insultos, blasfemias y burlas de la gente. Al día siguiente, colocados sobre una camilla, se los llevaron a una fosa común en la entrada del cementerio. Al analizar su cuerpo, se dedujo que los habían arrastrado antes de expirar.
Don Enrique era un hombre recto, exacto, detallista y ordenado en todas sus cosas. De carácter algo reservado, modelo de urbanidad y cortesía, modesto en el vestir, era un salesiano de profunda vida interior. Entero y firme en sus convicciones sacerdotales, reunía las cualidades de un confesor prudente y celoso.