Cardeñoso Caminero, Antonio

Antonio Cardeñoso Caminero

Sacerdote (1922-2011)

Nacimiento: Oviedo, 11 de octubre de 1922
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1941
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 29 de junio de 1950
Defunción: León, 27 de agosto de 2011

Hijo de José Manuel y Clotilde, nació el 11 de octubre de 1922 en Oviedo. Pero al mes y medio la familia se trasladó a Vigo, donde inició su vinculación con los salesianos.

Desde 1929 a 1934 fue alumno del colegio salesiano de San Matías. Comenzó el aspirantado en Carabanchel Alto en el año 1934, pero tuvo que interrumpirlo el 5 de diciembre de 1936 a causa de la Guerra Civil española. Fue trasladado a Puzol, en Valencia, donde permaneció en casa de una familia durante toda la guerra, terminada la cual, volvió al aspirantado de Carabanchel, desde donde pasó al noviciado de Mohernando. Su primera profesión la realizó el 16 de agosto de 1941.

En Mohernando estudió los cursos de filosofía de 1941 a 1943. Fue enviado a hacer el trienio a Barakaldo. Siguieron los cuatro años de teología en Carabanchel Alto y el 29 de junio de 1950 fue ordenado sacerdote. Durante todos estos años fue cursando y examinándose de música (solfeo, piano, armonía y composición) en Bilbao, finalizando la carrera con éxito en 1958.

Desde 1950 hasta 2011 su vida transcurrió en numerosas casas como profesor, asistente, encargado de pastoral, confesor y, como él decía, ¡siempre músico!: Madrid-San Fernando, Madrid-Estrecho, Madrid-Atocha, Santander, Astudillo, Sanxenxo, Zamora, Tudela Veguín, Avilés-Llaranes, Medina del Campo, Vigo-María Auxiliadora, Vigo-San Roque, Cambados, Vigo-María Auxiliadora y Santiago de Compostela como confesor en la catedral y colaborador en la parroquia.

En el último año de su estancia en Santiago comenzó a sentir una grave insuficiencia renal, por lo que el 9 de agosto fue trasladado a la casa de enfermos de León. Allí estuvo solo unos días, porque el 27 del mismo mes, casi sin darse cuenta, terminó su vida en este mundo.

Don Antonio era un gran músico y un enamorado de la música, a la que se dedicó en cuerpo y alma. Toda su vida estuvo vinculada a esta afición, que fue su campo de pastoral por excelencia: desde las corales, pasando por el buen servicio desarrollado como encargado de la música en las diferentes casas, hasta la disponibilidad para ayudar individualmente a chicos y chicas a prepararse en diferentes materias musicales. Era exigente y buscaba la perfección en este campo, lo cual le jugó en más de una ocasión malas pasadas: pero la música tuvo un papel fundamental en su vida y en su apostolado. Esto le movió a arreglar y adaptar musicalmente una gran cantidad de obras, que luego ensayaba con las muchas corales que dirigió a lo largo de su vida. El servicio pastoral que prestó desde la música fue inmenso.

Además de músico, profesor y confesor, era buen conversador, con gran sentido del humor y amante del deporte; era acogedor de peregrinos y amigo de todo el que se acercaba a él.