Civera Freire, Lorenzo

Lorenzo Civera Freire

Sacerdote (1856-1916)

Nacimiento: Gea de Albarracín (Teruel), 3 de septiembre de 1856
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 14 de febrero de 1899
Ordenación sacerdotal: Gerona, 16 de abril de 1881
Defunción: Sarrià, 16 de noviembre de 1916

Nació el 3 de septiembre de 1856 en Gea de Albarracín (Teruel). Había estudiado en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote en Gerona, el 16 de abril de 1881. Quería ser religioso, pero su madre necesitaba sus asistencias. Fue nombrado capellán de las monjas de su propio pueblo.

Una vez fallecida la madre, se presentó en Sarrià para ser salesiano. En febrero de 1898 iniciaba en Sant Vicenç dels Horts el noviciado, culminándolo con la profesión religiosa (votos perpetuos) allí mismo, el 14 de febrero de 1899. Tenía 42 años.

Trabajó en Utrera (1899-1905) como catequista y luego director, simultaneando con el cargo de consejero inspectorial. Estuvo en Rocafort (1905-1907;1907-1909) como director y luego catequista, en Mataró (1909-1910) como catequista y en Sarrià (1910-1915) como profesor de teología y confesor, hasta poco antes de morir, el 16 de noviembre de 1916, como consecuencia de una apoplejía.

Era un hombre fogoso, de carácter fuerte, lleno de espíritu religioso y de celo ardoroso por las almas; no podía tolerar el más mínimo desorden, ni la ofensa a Dios. De recia espiritualidad y absoluto desprendimiento de las cosas de este mundo, edificaba a todos los que lo trataban por su extraordinaria actividad, su profundo espíritu evangélico y su ardiente celo por hacer bien a los jóvenes.

Era cordial y sincero, sin doblez ni fingimiento. Destacado orador, de palabra robusta y henchida de unción evangélica, movía a la santidad a cuantos lo escuchaban.

La apoplejía lo tuvo postrado desde 1911; pero aun en sus dolencias mostró una hondísima conformidad con la voluntad de Dios. Como no podía celebrar misa, era edificante ver el interés que tenía para tomar parte en las prácticas de piedad de la comunidad y conmovía el corazón verle entrar en la iglesia con paso vacilante y arrastrarse hasta el comulgatorio, apoyado en un hermano, para comulgar.