Cuadrado de Bernardo, Leovigildo

Leovigildo Cuadrado de Bernardo

Sacerdote (1928-2016)

Nacimiento: Villar de Samaniego (Salamanca), 10 de julio de 1928
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1946
Ordenación sacerdotal: Madrid-Carabanchel Alto, 26 de junio de 1955
Defunción: Arévalo, 28 de diciembre de 2016

Leovigildo nació en el pueblo salmantino de Villar de Samaniego el 10 de julio de 1928. Conservó siempre un grato recuerdo de su pueblo y en los años de su enfermedad se ilusionaba poniendo a los que lo visitaban grabados en su móvil, el himno a la virgen y al Cristo, rescatado, y grabados con voz y banda de música.

Tras los años de aspirantado, ingresó en el noviciado de Mohernando en el año 1945 y profesó allí mismo el 16 de agosto de 1946.

Después de los años reglamentarios de filosofía, fue enviado a hacer el trienio a Salamanca. Cursó los cuatro años de teología en Carabanchel Alto, donde fue ordenado sacerdote el 26 de junio de 1955.

Trabajó salesianamente en varias casas: Madrid, Domingo Savio (1955-1960), colegio de Huérfanos de Ferroviarios (1960-1966), Béjar (1966-1968); Paseo de Extremadura (1968-1978), Domingo Savio (1978-1992), Carabanchel y unos meses en Arévalo.

En los colegios donde trabajó fue profesor de inglés y secretario. Para poder dar inglés, realizó un enorme esfuerzo de preparación, logrando unos niveles de conocimiento, dominio y acento de esta lengua admirables.

Se mostraba siempre servicial y responsable de sus tareas, aunque recatado: no era de interactuar en grandes grupos, sino de la relación en el tú a tú, la fidelidad a la amistad expresada.

Su ser sacerdotal lo vivió sobre todo en la animación de la Asociación de María Auxiliadora, a la que entregó en los últimos 20 años de su vida toda su energía y dedicación.

Interesante y curiosa fue su afición a la jardinería, el cuidado de la huerta de Carabanchel Alto, a lo que dedicaba muchas horas y mucho trabajo, y la elaboración de pacharán, que procuraba mejorar siempre según las indicaciones de sus hermanos de comunidad, para darles satisfacción y contribuir a la alegría común.

Su producción editorial nos deja un libro con 1.000 recetas sencillas de comida.

Durante años arrastró un cáncer pertinaz que se fue progresivamente adueñando de su cuerpo y que él llevó con paciencia y resignación, sin que la enfermedad le hiciera perder sus actividades, sus aficiones, su inquietud por hacer cosas y prestar servicios a los demás. El cáncer alcanzó a todos sus huesos, y en los últimos meses solo podía estar tumbado o de lado, porque enseguida le empezaban los dolores. Sin embargo, nunca se quejó. Cuando la enfermedad avanzó significativamente, no puso ningún reparo en trasladarse a la residencia Felipe Rinaldi de Arévalo. Allí era de admirar hasta el último momento la serenidad y alegría con que llevaba su dolorosa enfermedad. Se fue como había vivido, calladamente, en Arévalo, el 28 de diciembre de 2016, a los 88 años.

Nos dejó un magnífico ejemplo de persona trabajadora, sufrida y alegre, de las que construyen y dan luz en la comunidad donde están.