Alberto González Martín
Coadjutor (1922-2016)
Nacimiento: Madrid, 15 de mayo de 1922
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1948
Defunción: Arévalo, 31 de diciembre de 2016
Alberto nació en un barrio céntrico de la capital de España, Madrid, el 15 de mayo de 1922. Sus padres, Antonio y Valeriana, formaron una familia numerosa de seis hijos. Vivió su infancia en Madrid y allí le sorprendió la Guerra Civil española. Como la fábrica en que trabajaba su padre estaba cerca de la zona de combate, fue trasladada al pueblo de Fuentidueña de Tajo, cerca de Tarancón (Cuenca), adonde se trasladó la familia.
Más tarde fueron evacuados a Albacete y allí creó el Club Deportivo Madrileño con los chicos que convivían con él. Trabajaba como tornero en la empresa Jareño, junto con su padre. Terminada la guerra, fue llamado a filas en 1943 y, dado su oficio, fue destinado al cuartel de Parques y Talleres de Automovilismo de Carabanchel Alto, donde se había creado una escuela de formación profesional compuesta por militares y civiles. En ella, los alumnos, a la vez que aprendían el oficio, trabajaban en la reparación de vehículos del ejército de tierra.
Entre los mandos de la escuela estaba como capellán el salesiano don Ambrosio Díaz, que fundó con los militares un grupo de Acción Católica. Hicieron ejercicios espirituales y del grupo surgieron diversas vocaciones. Entre ellas la de Alberto, que decidió hacerse coadjutor salesiano. Una vez licenciado del servicio militar, entró en el noviciado de Mohernando e hizo su profesión religiosa el 16 de agosto de 1948.
Al terminar el noviciado, fue enviado a Turín para completar su formación. Después de dos años, regresó a España y fue destinado al colegio salesiano de Atocha, que será su campo de acción durante muchos años. En Atocha sufrió un desgraciado accidente pirotécnico: al intentar lanzar un cohete en la fiesta de San José, perdió la mano derecha. Se recuperó pronto y con tenaz voluntad logró continuar ejerciendo su trabajo. Durante algún tiempo le implantaron una mano mecánica, pero, aun sin ella, se las arregló para seguir siendo un valioso profesor de mecánica.
En el año 1967, fue destinado a La Almunia de Doña Godina, donde obtuvo el título de Ingeniero Técnico Mecánico. A continuación marchó al aspirantado de coadjutores de Carabanchel Alto, como jefe de talleres.
Estuvo después tres años en Guinea Ecuatorial atendiendo a la formación profesional de los guineanos en unas escuelas levantadas por la cooperación española. Cumplida su tarea allí, regresó de nuevo a Carabanchel Alto, donde desempeñó sucesivamente el cargo de secretario y bibliotecario.
Ya jubilado, permaneció en la casa de Carabanchel Alto, hasta que no se pudo valer por sí mismo. Entonces fue enviado a la residencia de enfermos Felipe Rinaldi de Arévalo. Fue un ejemplo de serenidad y alegría. A cuantos visitaban la casa los acogía con una amplia sonrisa, que demostraba su agradecimiento. Esa sonrisa generosa era también una señal de su profunda espiritualidad y de la plena aceptación de la voluntad de Dios. Murió serenamente a los 94 años el último día del año 2016.
Dejó en todos aquellos que le conocieron un recuerdo imborrable. Fue un coadjutor salesiano modélico, que gozó del afecto y la simpatía de aquellos que le trataron, un trabajador incansable y un religioso ejemplar.