Cuevas Bascuñana, Agustín

Agustín Cuevas Bascuñana

Sacerdote (1944-2022)

Nacimiento: Belmonte (Cuenca), 25 de noviembre de 1944
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1963
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 22 de abril de 1973
Defunción: Madrid, 7 de febrero de 2022

Agustín Cuevas Bascuñana había nacido en Belmonte (Cuenca) el 25 de noviembre de 1944. Un proceso formativo ordinario que tiene como momentos importantes la primera profesión en Mohernando el 16 de agosto de 1963 y la ordenación sacerdotal en Salamanca el 22 de abril de 1973. Sólo las casas de Béjar y Paseo de Extremadura gozan de su presencia en la península. África será su tierra. La última etapa como formador en el Teologado de Yaoundé (Camerún). Ya en 1973 lo vemos en Guinea Ecuatorial, en la presencia misionera que la Inspectoría abría en tierras africanas. Su entrega de sacerdote joven al trabajo pastoral en ese contexto también le acarrea sus dificultades y sufrimientos, hasta la expulsión «por motivos políticos», como al resto de salesianos. Pero él siempre se mantiene entusiasta con la labor pastoral de estar junto al pueblo sencillo, ocupado en las labores de catequesis y de evangelización “a pie de obra” (también de construcción física de iglesia y casa).

Los medios de comunicación le ponen en el candelero el año 2014, cuando la guerra en la República Centroafricana, pues está destinado en Bangui y la obra salesiana tiene que acoger hasta unos 60.000 refugiados de la guerra. La prensa dijo de él: «El cura español que salvó a 22.000 personas. Este salesiano, de hablar pausado y mirada azul impenetrable, quita importancia a su trabajo de más de 40 años de misionero en Chad, Gabón, Burkina Faso y Guinea Ecuatorial, dice: No podría estar en otro sitio. No sabría hacer otra cosa (…) Don Bosco se pondría a pensar y a actuar. Se pondría a reír. Hay que sentarse a pensar y reflexionar para ver por dónde se puede comentar porque este país actualmente es un caos…»

Agustín se sentía muy ligado a la Inspectoría de origen y con nosotros pasaba parte del tiempo de descanso, mientras se recuperaba, también por temas médicos. Algo de su corazón pastoral se mostró en el conflicto de 1997, con una orden injustificada de expulsión de su querida comunidad de Mikomeseng; el obispo y los cristianos protestan, pues Agustín «se ha distinguido siempre por un equilibrio y humor estables, en medio de una dedicación pastoral cuidada, constante y programada; nunca hemos recibido de él ni una sola queja…» Desde su retiro forzado en Malabo, Agustín escribe a los miembros de la comunidad cristiana en 1997 algo que sintetiza todo su espíritu. Después de comentar el Magníficat y el modo de atender Dios a los humildes, concluye: «La Palabra de Dios nos guía y fortalece en nuestro camino cristiano. Ella, la Palabra, nos guía en el conocimiento de la verdad que nos hace sinceros y libres. Ella, la Palabra, nos la fuerza necesaria cada día para experimentar y extender el Reino que anunció Jesús… Sobre todo temor se oía la voz del Señor de la Historia: ‘Yo estaré con vosotros hasta la consumación del mundo’… Que María, Madre y Auxilio, ayude a todos los pueblos de África, ayude a nuestra comunidad a superar las situaciones difíciles y a progresar por el camino que marca el Evangelio».

Hace unos días llegó a Madrid acompañado por Roberto Martínez, pues necesitaba asistencia médica urgente. Rápidamente la Inspectoría y la Procura se coordinaron para que fuera ingresado en el hospital de San Francisco de Asís, de Madrid. El diagnóstico era pesimista: cáncer maligno. No había nada que hacer. Sus hermanas le han podido acompañar los últimos días en el hospital. Descansa en paz, el gran misionero Agustín.