Gregorio María Ferro Saborido
Sacerdote (1871-1942)
Nacimiento: Pegas de Coedo (Orense), 15 de febrero de 1871
Profesión religiosa: Sarrià, 10 de septiembre de 1894
Ordenación sacerdotal: Plasencia (Cáceres), 27 de mayo de 1899
Defunción: Morón de la Frontera (Sevilla), 6 de septiembre de 1942
Nació el 15 de febrero de 1871 en Pegas de Coedo (Orense). Allí pasa su infancia y primera juventud, realizando los estudios elementales y ayudando a su padre en las labores del campo.
A los 20 años inicia el aspirantado en la casa de Sarrià (1891-1893), allí continúa con el noviciado y el 10 de septiembre de 1894 emite su profesión religiosa. Compagina después las prácticas educativo-pastorales con los estudios filosóficos y teológicos en la casa de Rialp (1895-1896) y de Béjar (1897-1899). Es ordenado sacerdote en Plasencia (Cáceres) el 27 de mayo de 1899.
Novel sacerdote, es enviado como maestro y asistente a Sarrià y a Montilla. En 1901 es trasladado a Córdoba como jefe de estudios y confesor.
Desde 1917 hasta su fallecimiento, sin interrupción, tiene la responsabilidad de director de las casas de Málaga (1917-1920), Santa Teresa de Ronda (1920-1923), colegio de San Benito de Calatrava en Sevilla (1923-1929), Morón de la Frontera (1929-1935) y de nuevo vuelve a San Benito de Calatrava (1935-1936).
Aquí tiene que hacer frente al asalto del colegio en julio de 1936. Lo intimidan con un grueso cuchillo en el pecho, a lo que el salesiano les dijo: «Si os he hecho mal, demostrádmelo; pero si he empleado toda mi vida en hacer el bien a vuestros hijos, ¿por qué me queréis matar?». Los asaltantes parecieron entender y lo soltaron indemne. Gregorio le dio las gracias a María Auxiliadora por salvarlo de ese aprieto.
Lo encargan de nuevo como director de Morón (1936-1942) y se dedica incansablemente a su reconstrucción después de la guerra. Tras una breve enfermedad, fallece en Morón el 6 de septiembre de 1942, ante el asombro del pueblo, al que se entregó con generosidad.
Fue un director querido por su cercanía y buen corazón con los hermanos, y maestro ejemplar para sus alumnos. Figura sencilla, jovial, bonachón, era todo corazón. Destacó por su devoción a la Virgen Auxiliadora y su trabajo por las vocaciones sacerdotales.