Gallego Rodríguez, Maximino

Maximino Gallego Rodríguez

Sacerdote (1900-1982)

Nacimiento: Cabeza de Framontanos (Salamanca), 14 de mayo de 1900
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de septiembre de 1917
Ordenación sacerdotal: Turín, 11 de julio de 1926
Defunción: Sevilla-Trinidad, 12 de julio de 1982

Nació en el pueblecito salmantino de Cabeza de Framontanos en mayo de 1900, por lo que se jactaba de ir con el siglo. En el aspirantado de Écija cursa los cuatro años correspondientes, en San José del Valle hace el noviciado, que culmina con la profesión el 8 de septiembre de 1917 y, tras un año de estudios filosóficos, realizará el trienio entre Cádiz y Carmona.

Los años de su etapa formativa que más rememorará fueron los pasados en el estudiantado teológico internacional de Turín-La Crocetta (1922-1926). Ordenado sacerdote el 11 de julio de 1926 en la basílica de María Auxiliadora de Turín, es destinado a San José del Valle como catequista y consejero de los estudiantes de filosofía (1926-1931) y, tras el período 1934-1936, pasará como profesor de Moral y de Derecho Canónico al teologado nacional de Carabanchel Alto, donde le sorprende la Guerra Civil. No olvidará nunca sus vicisitudes, su paso por la cárcel y su ministerio sacerdotal en medio de mil peligros.

A excepción del trienio 1940-1943 al frente de la casa de Écija, su actividad sacerdotal se va a desarrollar en la casa inspectorial de Sevilla: por una veintena de años en dos períodos, como secretario inspectorial, al que unirá por varios años el cargo de ecónomo inspectorial, y después durante más de 20 años, hasta su muerte, como confesor del complejo trinitario.

Esta prolongada etapa de más de 40 años es la más expresiva de su personalidad: discreto, silencioso, observador, confidente de los superiores, inadvertido, amante de los segundos planos. Reservado en extremo, ni siquiera en sus últimos años desvelaba acontecimientos de los que él había sido testigo espectador de excepción. Supo esconder riquezas de observancia, de fidelidad, de silencio, de ayudas invisibles, perceptibles solo a quien conoce en profundidad el secreto de los corazones.

Sus largos años de permanencia en la secretaría inspectorial le permitieron llenar una faceta específica del apostolado salesiano: la difusión y propagación del Boletín Salesiano. Se puede decir que gran parte de la correspondencia que recibía estaba relacionada con esta actividad.

Desde 1960 aparece como confesor de la casa inspectorial, faceta significativa de su personalidad: gran director espiritual, confesor apreciadísimo, moralista, consultado por la jerarquía eclesiástica en asuntos graves, conocedor de todos los secretos del confesionario.

Y, finalmente, una faceta singular de su personalidad religiosa y espiritual fue su misa diaria en el altar de María Auxiliadora. A pesar de sus problemas de visión, de tener que bajar la escalera, de las caídas, no atendió razón alguna que le hiciera desistir del encuentro diario con María Auxiliadora y con un grupo de fieles que asistían asiduamente a esta eucaristía.

A sus 66 años, con una existencia condicionada por la diabetes y la pérdida casi total de la visión, se verá obligado a llevar una vida retirada solo interrumpida por su eucaristía y el confesionario. Falleció a los 82 años en la casa salesiana de la Santísima Trinidad el 12 de julio de 1982.