Antonio Gándara Alonso
Sacerdote (1902-1995)
Nacimiento: Rairiz da Veiga (Orense), 27 de abril de 1902
Profesión religiosa: San José del Valle, 10 de septiembre de 1921
Ordenación sacerdotal: Ronda (Málaga), 19 de marzo de 1932
Defunción: Jerez de la Frontera, 25 de marzo de 1995
Nació en la aldea orensana de Rairiz da Veiga. Sus padres tuvieron 14 hijos, a los que educaron cristianamente y que Dios bendijo con la vocación salesiana de Virginia, José, fallecido a los 21 años de edad en el colegio de Córdoba, Antonio y Luis.
Del padre, maestro de enseñanza primaria, aprendieron su dedicación y amor a la escuela. En septiembre de 1916 ambos hermanos —Antonio y Luis— llegan al aspirantado de Cádiz. En San José del Valle realizaron juntos el noviciado, concluido con la profesión religiosa el 10 de septiembre de 1921, y los dos años de filosofía.
Antonio hace el trienio en Utrera, sus estudios de teología los inicia en Turín-La Crocetta, los prosigue en Ronda-Sagrado Corazón, para concluirlos en San José del Valle con la ordenación sacerdotal, recibida en Ronda el 19 de marzo de 1932.
Trabaja los primeros años de sacerdocio en San José del Valle, en Ronda-Sagrado Corazón y en el aspirantado de Montilla como catequista y después como administrador. Allí tuvo que afrontar con los aspirantes la dura escasez económica y de víveres de la postguerra. En la altiplanicie del colegio, el frío invernal era intenso y Antonio, siempre ingenioso, sacaba en los recreos un hornillo eléctrico al pórtico, mientras los aspirantes hacían fila para calentarse unos segundos las manos, llenas de sabañones.
Nuevos destinos lo llevan a Ronda, Algeciras y como confesor de las casas de La Orotava, Utrera-Consolación (ya aspirantado), Alcalá de Guadaíra y Algeciras.
Pero lo sedujo Jerez de la Frontera, donde pasará nada menos que 40. Allí fue capellán de las Hijas de María Auxiliadora, residiendo en la casa del canónigo Juan Torres Silva, que construía en esa ciudad el oratorio festivo Domingo Savio y que definitivamente pasará a la Congregación con el nombre de Padre Torres Silva. Esa será su última y definitiva casa.
Fue un salesiano de trato delicado, cercano a los jóvenes, sacerdote en todo momento y fiel al confesionario hasta los últimos días de su vida. Su mirada cristalina reflejaba la hondura de su ser, su gran humanidad, su profunda unión con Dios.
Se sentía contento con la vocación salesiana, recordando con fruición su estancia en Turín-La Crocetta, donde pudo convivir con los primeros salesianos que conocieron a Don Bosco.
Antonio era el más veterano de la inspectoría. Sus bien cumplidos 92 años no le impedían estar siempre ocupado. Una caída en su habitación le ocasionó rotura de cadera y, aunque la operación resultó satisfactoria, su ancianidad dificultó la convalecencia y le obligó a pasar varios meses entre el sillón y la cama. Una afección pulmonar, que se agravó el día 25 de marzo de 1995, le causó la muerte casi inmediata.