García Cerezal, Fernando

Fernando García Cerezal

Sacerdote (1881-1952)

Nacimiento: Écija (Sevilla), 6 de junio de 1881
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 6 de febrero de 1898
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 24 de septiembre de 1904
Defunción: Sevilla, 25 de agosto de 1952

Nació el 6 de junio de 1881 en Écija (Sevilla). Su padre era el sacristán y el organista de una de sus parroquias. Uno de sus hermanos fue misionero franciscano y murió en América.

En 1895 entraba a la casa salesiana de la Santísima Trinidad de Sevilla. Tras dos años de aspirante, el director, don Pedro Ricaldone, lo envía al noviciado de Sant Vicenç dels Horts. Allí emite los votos el 6 de febrero de 1898 e inicia los estudios de filosofía.

Continúa sus estudios en Utrera y pasa después a Málaga donde se perfeccionó en la música y comenzó sus estudios teológicos. En 1903, destinado a Sevilla, es ordenado presbítero por el arzobispo-cardenal Marcelo Spínola el 24 de septiembre de 1904. Y en Sevilla transcurrió 16 años, primero como catequista y luego como administrador, tarea que realizó a la perfección por su espíritu ordenado y de buen trato.

Es enviado después como director a la casa de Alcalá de Guadaíra (1919-1923), ganándose a las personas por su amable y buen trato. Vuelve a Sevilla como administrador (1923-1927), de ahí a Cádiz (1927-1929) como confesor y administrador, y a Montilla (1919-1938) como confesor de aspirantes.

En 1938 vuelve por tercera vez a Sevilla-Trinidad donde permanecerá hasta su muerte. En total 36 años en la casa sevillana. Los últimos años de su vida, la tensión alta siempre lo mantuvo en guardia. El domingo 24 de agosto de 1952, lo pasó con total normalidad accediendo a dar las Buenas noches a los jóvenes y a la comunidad. Cuando se retiraba a su habitación, al agacharse para recoger la llave de la puerta que se le había caído, una fulminante congestión cerebral acabó con su vida. Era el 25 de agosto de 1952 y tenía 71 años de edad.

Fue un hombre amable, de trato exquisito, de proverbial puntualidad, ordenado, meticuloso, excelente músico con la batuta y en el órgano. La música y las cuentas fueron sus «compañeros» de camino en la vida salesiana y sus instrumentos de apostolado: himnos, cantos para distintas circunstancias, canciones en efemérides salesianas. Sabía narrar y contar historias y anécdotas que encandilaban a los muchachos. En el ambiente salesiano se le llamaba «don Fernandito».