García Marco, Lorenzo

Lorenzo García Marco

Sacerdote (1939-2022)

Nacimiento: Villanueva de Huerva (Zaragoza), 20 de marzo de 1939
Profesión religiosa: Arbós, 16 de agosto de 1956
Ordenación sacerdotal: Villada-Córdoba (Argentina), 18 de noviembre de 1967
Defunción: Bahía Blanca (Argentina), 19 de enero de 2022

Lorenzo nació en Villanueva de Huerva (Zaragoza), el 20 de marzo de 1939. Tenía 6 años cuando fallece la mamá, Josefa Marco de 33 años, dejando 4 hijos. A los 17 ingresó en el noviciado de Arbós (Cataluña), el 15 de agosto de 1956. Apenas recién profeso en 1957, marchó como misionero a la Patagonia Argentina, siendo su primer destino la ciudad de Viedma, tierra de los sueños de Don Bosco y primera sede de las Misiones Salesianas. Concluido el trienio práctico, se trasladó al estudiantado teológico salesiano de Villada (Córdoba) en 1964, donde fue ordenado sacerdote el 18 de noviembre de 1967.

Las sucesivas obediencias del joven sacerdote fueron: Colegio Don Bosco de Bahía Blanca, 1968. Colegio Don Bosco de Neuquén, desde 1969 al 1989, siendo director de esa casa desde 1979 a 1989. Colegio P. Juan Muzio de Trelew, primero como Vicario el 1989 hasta 1992 y después como director, desde 1992 hasta 1996. Ejerció un año de párroco de María Auxiliadora de la misma ciudad hasta 1997, año en que fue trasladado a la ciudad de Comodoro Rivadavia como director del Instituto Técnico Deán Funes, obra de las más significativas a nivel técnico en todo el País. Su preocupación fue la de poner al día los talleres. Posteriormente fue director de Villa Regina y Administrador de la presencia de Cipolletti y San José Obrero de Neuquén, de la que se preocupó por brindar una educación de calidad a los chicos pobres de los barrios neuquinos. Allí lo encontró la enfermedad, cuando estaba por cumplir los 80 y celebrar las Bodas de Oro sacerdotales. A pesar de los cuidados de tantos médicos amigos de Neuquén debió ser trasladado a la enfermería de Bahía Blanca, donde su organismo al principio fue reaccionando positivamente a los cuidados de las enfermeras de Casa Don Zatti, pero los fuertes dolores de huesos lo obligaban a caminar durante horas, cada día, para aliviar su situación.

Desde el día 12 de enero de 2022 comenzó a tener fiebre, signo de una fuerte neumonía. Fue trasladado al Hospital Regional Español, donde le hicieron las pruebas del covid, que dieron resultado negativo, pero su estado es tan grave que el director del hospital le suministró el Sacramento de la Unción de los enfermos. Por fin el miércoles 19 de enero, el Señor lo llamó a celebrar la Pascua definitiva, junto a nuestra Madre Auxiliadora – Virgen del Pilar, su Patrona de Familia.

El padre Lorenzo fue un hombre de la escuela. Él vivía para la escuela y se mantenía muy al tanto en todas las reglamentaciones y novedades. Era un tipo que controlaba serenamente; controlaba y bien a todo el mundo. Él realmente, en ese sentido, se preocupaba de que la escuela tuviese calidad educativa. Era una persona muy comprometida con la comunidad escolar. Austero, dedicado por completo a su misión, de gran vitalidad y presencia.

Como director, cargo que ocupó durante 20 años, era un tipo sereno, que no creaba problemas, pero dirigía. Un hombre que serenamente, pero con cierta firmeza iba llevando las cosas de la comunidad, incluso aguantando algún personaje molesto. Con mucha parsimonia lo trataba de manejar de alguna manera.

Huía de los aplausos, de los agasajos, de los elogios. No lo hacía solo por timidez, sino por virtud, inspirada en la sabiduría bíblica. A él le pegaba bien la frase de San Francisco de Sales: “el amor es la perfección del espíritu y, la caridad, es la perfección del amor”. El Padre Lorenzo fue un “buscador” del amor, porque todo lo hacía con ese amor inconfundible de los que desean el bien del otro, atento a las necesidades de los demás, con un corazón lleno de bondad y amor para derramarlo allí donde el Señor y Don Bosco lo requieran.

Así sintetiza el que fue su inspector la figura del Padre Lorenzo: “Era una excelente persona. Salesiano de gran corazón: muy dulce, atento, humilde y siempre dispuesto a escuchar. Muy observador e inteligente. Preocupado por sus hermanos. Los fieles lo valoraban y buscaban como confesor y director espiritual. Fue gran promotor de los salesianos cooperadores y de la Unión Padres de Familia. Y, por sobre todas las cosas, siempre fue gran Educador”.

Murió con 82 años de edad, 54 de sacerdocio y 64 de profesión religiosa, todos ellos dedicados intensamente a su labor misionara en la tierra de las primeras misiones salesianas de Argentina.