García Usún, Casimiro

Casimiro García Usún

Sacerdote (1930-1999)

Nacimiento: Salvatierra de Esca (Zaragoza), 5 de abril de 1930
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1947
Ordenación sacerdotal: Martí-Codolar, 29 de junio de 1956
Defunción: Logroño, 22 de enero de 1999

Nació en el pueblecito de Salvatierra de Esca (Zaragoza), aunque de niño se vino con sus padres a vivir a Pamplona. El matrimonio fue bendecido con ocho hijos. Dos de ellos fallecieron siendo muy niños. Sus cinco hijas, una a una, se fueron haciendo religiosas.

Ellos pensaban que el más pequeño de la familia y único varón, Casimiro, quedaría para atenderlos; pero los caminos del Señor fueron por otros derroteros y también su hijo recibió el don de la vocación a la vida salesiana.

Fue alumno del colegio salesiano de Pamplona y su vocación surgió a la sombra de la mirada maternal de María Auxiliadora, cuya imagen divisaba desde su casa situada en frente del colegio. Transcurridos sus años de aspirantado en Huesca y Sant Vicenç dels Horts, aquí hizo el noviciado y su primera profesión, el día 16 de agosto de 1947. Cursados en Gerona los dos años de filosofía, fue destinado de trienal al colegio barcelonés de Horta.

En Martí-Codolar estudió teología y se ordenó sacerdote el 29 de junio de 1956. Sus compañeros de teologado gozaron de su buen humor, compañerismo, y amistad. Su fina observación le llevó a imitar a sus compañeros y profesores, tanto en su voz como en sus ademanes y gestos, creando un clima de distensión y de familia. Escribió a lo largo de dos años el Cronicón de Martí-Codolar, con una perfección admirable, reseñando todos los detalles de la vida teologal que nunca hubieran aparecido en una crónica oficial.

Su primer campo de apostolado sacerdotal fue el colegio salesiano San Vicente Ferrer de Alcoy, primero, como sacerdote, después como catequista y, finalmente, como director (1961-1967). Fue destinado después como director al aspirantado de Sádaba (1967-1973). Desarrolló allí con especial esmero su labor de discernir y acompañar los brotes de vocación sembrados en los corazones de aquellos seminaristas. Cuidó el espíritu de familia, creó un ambiente de unidad y de sana alegría y nuevamente apareció su estela de bondad que cautivó a todos cuantos tuvieron algún contacto con él.

Don Casimiro fue después destinado de administrador a Pamplona. Lo fue durante diez años y, desde 1988 hasta el final de su vida, perteneció a la comunidad de Los Boscos de Logroño, primero como administrador y después como encargado de la Familia Salesiana de La Rioja.

Un infarto fulminante acabó con su vida el día 22 de enero de 1999, a sus 68 años de edad. Su cadáver fue trasladado a Pamplona, donde recibió el afecto de sus muchos amigos en el funeral celebrado en el santuario de María Auxiliadora. Está enterrado en el cementerio de Pamplona.

Don Casimiro dejó en cuantos le trataron la imagen de un salesiano bondadoso y amigo de todos, detallista y con agudo sentido del humor, pausado en su hablar y en su andar, atento a las personas en los diferentes acontecimientos personales y familiares, sacerdote amante de la liturgia y de las personas, a las que atendía con cordialidad.