Antonio Guede Fernández
Sacerdote (1932-2019)
Nacimiento: Marzas (Orense), 9 de junio de 1932
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1951
Ordenación sacerdotal: Madrid, 24 de junio de 1960
Defunción: Logroño, 22 de noviembre de 2019
Antonio Guede nació en Marzas, (Orense), el día 9 de junio de 1932 en el seno de una familia cristiana, formada por Emilio, su padre, y Camila, su madre. En este hogar cristiano nació y creció en su corazón la vocación de seguir a Jesús en su misión evangélica y así, pocos años más tarde ingresaba en el seminario salesiano de Arévalo y comenzaba su andadura haciendo los estudios de humanidades.
Al finalizar éstos, fue admitido al noviciado que hizo en Mohernando durante el año 1950-1951, que culminó con la emisión de su primera profesión, como salesiano, el día 16 de agosto de 1951. Después del noviciado continuó, durante dos años, los estudios de filosofía que comenzó en Madrid-San Fernando y terminó en Guadalajara. Finalizados éstos, inició el trienio práctico de prueba con la misión salesiana que llevó a cabo en el colegio salesiano de Béjar (1953-1956). Después de esta experiencia salesiana, continuó sus estudios de teología en Madrid-Carabanchel durante cuatro años. Al finalizar los estudios teológicos recibió la ordenación sacerdotal el día 24 de junio de 1960.
Con la ordenación sacerdotal recién estrenada inició su trabajo educativo-pastoral salesiano, como consejero escolar, en el colegio de Cruces-Barakaldo durante tres años. Allí se encontraba cuando se fundó la nueva inspectoría de Bilbao y aunque su corazón y sus sentimientos le llevaban a recordar y añorar su tierra natal de Galicia, se sintió muy feliz en la nueva inspectoría.
El año 1963 fue enviado al aspirantado de El Royo (Soria), hasta el año 1967 en que la obediencia le destinó a otro aspirantado, Zuazo de Cuartango (Álava), durante un año.
El año 1968 fue destinado al colegio de Santander como catequista y, dos años después, como jefe de estudios. De Santander fue a Pamplona como director pedagógico durante el período 1976 a 1985. Al finalizar este año fue a El Campello para hacer un curso de formación permanente y finalizado éste regresó de nuevo a Santander, esta vez a Nueva Montaña como vicario, durante cuatro años. De aquí marchó a Bilbao-Deusto María Auxiliadora como profesor y secretario del centro durante diez años (1989-1999).
En 1999 fue al colegio Santo Domingo Savio de Logroño hasta el año 2003 en que vuelve de nuevo a Deusto, María Auxiliadora, para encargarse de la iglesia del colegio. Al año siguiente vuelve otra vez a Logroño para asistir y acompañar a los hermanos mayores y enfermos de la residencia Don Zatti, hasta que el año 2009 aquejado también él por dificultades de movilidad queda ingresado en la mismo residencia Don Zatti como un hermano más, hasta que el día 22 de noviembre de 2019 el Señor lo llamó con Él.
El Sr. Inspector en la homilía pronunciada el día de su funeral, definía la figura de don Antonio Guede como un salesiano cuyo corazón sacerdotal llenaba de sentido su vida y su vocación. Siempre disponible para atender las confesiones y celebrar la eucaristía y los sacramentos. Vivía desde el corazón la inquietud por las vocaciones, las encomendaba cada día en la oración, especialmente en estos últimos años de retiro y de forzoso silencio en la residencia de enfermos. Se interesaba por las nuevas vocaciones y las profesiones, y siempre tuvo esta intención en las diversas tareas pastorales que emprendió.
Tenía, además, un corazón inquieto de poeta y de creador de “sueños”. Su celo sacerdotal y su vocación salesiana se manifestaba también en este perfil tan original suyo: su facilidad para expresar en forma de poema lo que estaba sintiendo respecto a una fiesta o una celebración de comunidad. Su chispa oportuna, en las sobremesas comunitarias, transmitía el sabor de la sencillez familiar que caracteriza una comunidad salesiana. Componía letrillas de ocasión que alegraban el ambiente y recortaban distancias. Su mente creativa, desde la pastoral, dio origen también a un librito de “pensamientos con mensajes”, siempre positivos y que ayudaban a meditar. Leía las revistas y artículos de vida cristiana y recortaba y guardaba todo aquello que le pudiera servir o inspirar en un determinado momento… una mente y corazón que no paraba, a pesar de sus dificultades de salud y movilidad.
Fue un salesiano sencillo, que pasó haciendo el bien a todos los que de un modo u otro tuvieron la suerte de gozar de su bondad.