Gutiérrez Quintano, Ramón

Ramón Gutiérrez Quintano

Sacerdote (1935-2007)

Nacimiento: Pesquera de Duero (Valladolid), 26 de septiembre de 1935
Profesión religiosa: Mohernando, 29 de septiembre de 1951
Ordenación sacerdotal: Astudillo, 24 de junio de 1960
Defunción: Toledo, 5 de abril de 2007

Aunque nació en Pesquera de Duero (Valladolid), el pueblo de Astudillo acogió a su familia de tal manera que él siempre se consideró uno más de los muchos salesianos salidos de este pueblo. La generosidad natural de Ramón, el ambiente de fe de la familia y el espíritu de Don Bosco, tan implantado en Astudillo, le llevaron a iniciar los pasos de la vida salesiana, empezando por el aspirantado en la casa de Santander en 1946.

Después de los años de formación, recibió la ordenación sacerdotal en Astudillo y comenzó su apostolado como sacerdote en Zuazo de Cuartango (Álava), todavía perteneciente a la inspectoría de Madrid y al año siguiente ya de la inspectoría de Bilbao, a la que Ramón pasó a pertenecer.

Su persona y su modo de hacer van a ser fundamentales para la nueva inspectoría recién nacida. Ramón se perfila ya como un joven ecónomo que toma a su cargo el acompañamiento y saneamiento de las economías de diversas casas: Zuazo de Cuartango, Barakaldo-Escuela de Maestría, BarakaldoCruces, El Royo (Soria), Logroño-seminario Santo Domingo Savio. En 1969, se le pide que asuma el cargo de ecónomo inspectorial de la inspectoría de Bilbao. Durante 10 años fue asentando las bases de las casas y poniendo un especial cuidado en los seminarios y jóvenes salesianos en formación. Al concluir este ministerio, pasó a la casa de Pamplona.

De nuevo se le pide que asuma un cargo de administración, esta vez en Madrid, en la Casa Don Bosco, de la calle Alcalá. En 1992 es llamado a la Procura de Misiones, donde durante 13 años llevó la responsabilidad de gestión de los fondos destinados a impulsar las misiones salesianas en todo el mundo.

Su humanidad, su educación, su sencillez y su buen trato cautivaron a muchas personas. Fue un hombre detallista y que agradecía los detalles. Con su gran trabajo, su capacidad para imaginar caminos nuevos en los recursos económicos y también su saber pedir y llamar a la puerta de los bienhechores, contribuyó a que la misión salesiana, en todos sus aspectos, contara con medios económicos que le permitieran un mayor desarrollo, en beneficio de la juventud más necesitada. Recordaba con frecuencia una frase que su padre (procurador de las cortes) le había dicho: «Recuerda, hijo, que eres administrador, que no es dinero tuyo. Da cuenta de hasta el último céntimo y usa y emplea ese dinero con responsabilidad». Y realmente así lo hizo siempre.

Pero su trabajo no se paró en la economía, tuvo también una gran capacidad para aconsejar y acompañar espiritualmente a las religiosas en las capellanías.

Debilitado en su salud, experimentó una mayor gravedad que durante dos meses y medio fue acelerando el final de sus días. En el Hospital de Toledo, que lo acogió durante ese tiempo, fue viviendo su Getsemaní hasta que el 5 de abril, Jueves Santo, fallecía a los 71 años de edad. Sus restos descansan en el panteón familiar de Astudillo.