Francisco Hernández Díaz
Sacerdote (1941-2020)
Nacimiento: Bercimuelle (Salamanca), 20 de junio de 1941
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1958
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 3 de abril de 1968
Defunción: Madrid, 2 de marzo de 2020
Paco, que fue siempre el nombre familiar con que se le conoció, nació en el pequeño pueblo salmantino de Bercimuelle, un pueblo, cuyos habitantes desde niños trabajan en las labores del campo y viven en contacto directo con la naturaleza. Paco conservará siempre este carácter campesino de su pueblo. Allí vivió los primeros años de su vida en el seno de una cristiana y piadosa familia, de la que recibió la profunda fe cristiana y unos valores humanos que siempre lo caracterizaron: sencillez, sobriedad, bondad de corazón y gran sentido del deber.
Entró en contacto con los salesianos y quiso ser también él salesiano. Tuvo la suerte de pasar los años de aspirantado en dos pueblos, que aunque mayores que el suyo, estaban también inmersos en la vida del campo: Astudillo (Palencia) con sus huertas y sus colinas de cal y en Arévalo (Ávila) con sus inmensos pinares, que llegaban hasta el mismo colegio salesiano. El noviciado lo hizo también en otro pueblo: Mohernando, donde la casa salesiana está situada en una gran finca de encinas, viñedos y tierras de labranza. Allí profesó el 16 de agosto de 1958.
Realizó los estudios de filosofía y magisterio en Guadalajara y fue destinado, ¿Cómo no?, a hacer el tirocinio práctico a la finca de El Bonal (Ciudad Real), donde los salesianos, junto con un grupito de aspirantes dedicaban gran parte de su tiempo a las labores agrícolas y al cuidado de las ovejas. Así curtido en el recio y humilde trabajo del campo, llegó a la docta Salamanca para realizar sus estudios de teología.
No perdió tampoco allí el contacto con la naturaleza y los paseos más que a la ciudad, los realizaba hacia el Tormes y las laderas de los poéticos recuerdos de Fray Luis. Hizo con gran seriedad y aprovechamiento sus estudios teológicos y fue ordenado sacerdote en el teologado de Salamanca el 3 de abril de 1968.
Ya sacerdote fue destinado a Ciudad Real, pero ya no a la finca de El Bonal, que había sido vendida para construir el teologado de Salamanca, sino al nuevo colegio de la ciudad. Allí ejerció sus primeros años de apostolados sacerdotal (1968-1973). Y desde allí dio el gran salto, del campo y de las pequeñas ciudades a Madrid, de donde no volvió a salir.
Su primer destino en la capital fue la casa de Madrid-Estrecho, como consejero y jefe de estudios (1973-1980) y el segundo, y el último, a la casa de Madrid-Atocha, donde fue permanente consejero local, vicario y director pedagógico, nada menos que por 40 años, prueba evidente de que por su sencillez, su bondad en el trato con todos y su eficacia en el trabajo, era bien visto y apreciado por superiores, compañeros y alumnos.
Sufrió graves dificultades de salud y tuvo que ser operado, quitándole totalmente el estómago, pero con su tenacidad y paciente regularidad no solo las superó, sino que se adaptó plenamente a la vida normal, incluso en la comida: comía poco, pero comía de todo y con todos, sin privilegios ni excepciones. Siempre sereno, amable y servicial, hasta que un día, y sin previo aviso, al levantarse sufrió un derrame cerebral que lo dejó sin sentido. Fue ingresado en el hospital, pero nada se pudo hacer por él. Murió, como había vivido, sencilla y silenciosamente. Paco fue así, una buena persona, un buen sacerdote y un salesiano, de los que sin ruido ni alharacas, pero con profundidad y buen espíritu cumplen la misión que Dios les encomendó en bien de la Congregación. Que descanse en paz.