Ivorra Segura, Manuel

Manuel Ivorra Segura

Sacerdote (1911-1995)

Nacimiento: Gorga-Cocentaina (Alicante), 19 de septiembre de 1911
Profesión religiosa: Gerona, 31 de julio de 1934
Ordenación sacerdotal: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1942
Defunción: Pamplona, 3 de junio de 1995

Manuel ingresó como aspirante en el colegio salesiano de Villena (Alicante). Allí tocaba en la orquesta del colegio que dirigía don Basilio Bustillo. De allí, don Ramón Cambó le envió a El Campello para hacer el primer curso de latín. Pero ante la quema de conventos, a finales de mayo de 1931, tuvieron que salir con lo puesto camino de Alcoy (Alicante).

El curso 1931-1932 lo hizo en el Tibidabo hasta que se inauguró una pequeña casa en Sant Vicenç dels Horts. El curso 1933-1934 hizo el noviciado en Gerona. Fue el año de la canonización de Don Bosco y esto le quedó como impreso en su corazón. Hizo la profesión y allí mismo continuó los estudios de filosofía. Después del trienio fue a Madrid-Carabanchel Alto para hacer los estudios de teología, que simultaneó con otros de peritaje industrial. En todos estos años de formación le gustaba colaborar en la preparación técnica de las obras de teatro y zarzuelas.

Su vida salesiana sacerdotal se realizó en los colegios de Barcelona-Horta, Gerona, Barcelona-Sarrià y Monzón (Huesca).

En el año 1956 llegó a Pamplona, donde permaneció hasta su muerte. Durante su estancia en Pamplona, pronto fue adquiriendo peso, llegando a ser una institución y un hombre clave para el desarrollo de la formación profesional en la capital navarra. Actuaba como inspector del secretariado de formación profesional de la Iglesia en la zona norte.

Don Manuel tenía muy claro que era sacerdote y le gustaba ejercer. A pesar de sus muchas ocupaciones e incumbencias profesionales, nunca abandonó su quehacer sacerdotal. Recordaba con cariño su actividad como catequista en Horta y consejero en Sarrià, sus años de encargado de la misa de 12.30 en la iglesia de Pamplona, y no desaprovechaba la ocasión para dejar caer una buena palabra en aquellos con los que se encontraba.

Día a día fue interiorizando un conjunto de actitudes que marcarían toda su vida y que pueden resumirse en esta apreciación personal: «Solamente vivíamos para el estudio, la piedad, la alegría y la gran familiaridad».

El estudio era para él la información permanente. En su personalidad salesiana sobresalía su piedad sencilla, vivida en la vida ordinaria de la clase, las relaciones interpersonales y las múltiples actividades de gestión; la alegría vivida con intensidad en las satisfacciones de cada día, de cada hermano; la familiaridad manifestada en la relación con las personas a las que hubo de acercarse por razón de su trabajo.

Al recibir la unción de enfermos dijo con toda sencillez: «Lo único que tengo que hacer es darle muchas gracias a Dios que me ha dado tanto».

Don Manuel es reconocido por cuantos a lo largo de estos años ocuparon cargos en la administración pública de los servicios de educación en Navarra como el salesiano que contribuyó de forma definitiva al lanzamiento de la escuela salesiana de Pamplona, como pionera de la formación profesional en Navarra.