Jiménez Sánchez, Jesús

Jesús Jiménez Sánchez

Sacerdote (1931-2001)

Nacimiento: Layana (Zaragoza), 4 de diciembre de 1931
Profesión religiosa: Martí-Codolar, 16 de agosto de 1949
Ordenación sacerdotal: Shillong (India), 28 de junio de 1959
Defunción: Madrid, 15 de enero de 2001

La vida de don Jesús Jiménez estuvo marcada por su vocación misionera y el trabajo apostólico en la India. Nace en el pueblo zaragozano de Layana el 4 de diciembre de 1931. Ingresa interno en el colegio salesiano de Pamplona. Persiguiendo su vocación misionera, marcha al Tibidabo para iniciar el aspirantado, que terminará en Sant Vicenç dels Horts. Su primera profesión la emite en la casa de Martí-Codolar, recién abierta como noviciado y teologado, el día 16 de agosto de 1949.

Después del noviciado, inicia su peripecia misionera, arrastrado por la fuerza de los grandes misioneros don José Luis Carreño y don Mariano Huguet, de paso en esos años por la inspectoría tarraconense. El 17 de marzo de 1950 llega a Goa. En esta ciudad se dedica intensamente al estudio del inglés y de las lenguas autóctonas. Sigue los estudios eclesiásticos de filosofía en Soana (inspectoría de Calcuta), hace el trienio práctico en el colegio de Krishnagar y los estudios teológicos (1954-1959) en Shillong, donde es ordenado sacerdote el 28 de junio de 1959.

Fue administrador de Bandel (1959-1965), cerca de Calcuta. Los dos años siguientes será director de la comunidad de la catedral de Calcuta. Tiene 36 años.

Sus sueños misioneros empezaron a hacerse realidad en junio de 1967, cuando el inspector, el padre Rosario Stroscio, le encomienda la misión y parroquia de Azimganj. A partir de ese momento, se van a suceder las tres estaciones misionera de su vida: la primera, en Azimgnj, entre «los santales» (1967-1975). A continuación, en la misión de Polsonda-More (1975-1981); y por fin, en Purnea-Katibar, durante 15 años (1981-1996).

Desarrolla en todos esos territorios una impresionante actividad, echando mano de una generosidad sin límites, superando mil dificultades y obstáculos, en medio de los niños y gentes pobres y desplazados, alumbrando pozos, construyendo casitas, escuelas, iglesias y capillas en los poblados y finalmente una catedral para la diócesis de Purnea-Katihar.

Nos dejó testimonios de su alma misionera: «La pobreza no me desanima, sé que hay una providencia… He constatado a mi lado tantos milagros y tanto amor de Dios, que no los puedo llevar en cuenta y los considero como la cosa más natural del mundo… He amado mucho a los “santales” y no me arrepiento de haberles entregado mi vida».

Contemporáneo de la madre Teresa de Calcuta, compartió con ella, desde carismas distintos, hasta las mismas preocupaciones por la dignidad del hombre y de la mujer. En la muerte de la madre Teresa, el 5 de septiembre de 1997, recordará su larga visita, evocará el diálogo íntimo habido con ella y se dejará llevar de la añoranza de aquel encuentro con la santa. «Estuvo con nosotros tres intensos días. Recé a su lado, recé con ella…».

Una disposición del Ministerio del Interior de la India, fechada el 4 de abril de 1996, le ordenó abandonar el país. El 16 de agosto marchaba de Purnea, en una despedida amarga, sin retorno. Después de una breve estancia en la Casa General de Roma, llegó a la comunidad de la Procura de misiones de Madrid con el cargo de procurador. Desde esa responsabilidad entregó por las misiones los últimos cuatro años de su vida, con la salud algo quebrantada.

Contra todas las previsiones, tuvo la suerte de poder volver a la India, invitado por el inspector de Calcuta, y participar en la inauguración de la nueva catedral de Purnea-Katihar (8 de noviembre de 1998), impulsada por él. Fue el feliz colofón a sus 46 años de estancia en la India.

En las navidades del año 2000, a la vuelta de unos días de descanso con su familia en Zaragoza, se sometió a una sencilla operación, con resultado inicial satisfactorio. Pero unos días después falleció a causa de una embolia pulmonar. Al día siguiente sus restos descansaban en el panteón salesiano de Carabanchel, al lado de don Hiscio Morales, gran misionero en la India también.

Se sucedieron las muestras de afecto y admiración, primero en Madrid, donde se celebró un solemne funeral presidido por don Luciano Odorido, consejero general para las misiones salesianas, y don Jesús Guerra, inspector de Madrid, y acompañados por don Edward Cappelletti, antiguo procurador de misiones en New Rochelle (Estados Unidos), por numerosos sacerdotes salesianos, familiares y amigos del gran misionero.

Los testimonios llegados desde la India con ocasión de su muerte, están llenos de gratitud y reconocimiento hacia su figura y su labor misionera:

«Fue el gran pionero de las misiones entre los “santales” de Bengala y Bihar… Tenemos una deuda enorme de gratitud por su entrega y espíritu misionero… Era un hombre lleno de energía… Con él la Iglesia creció. Echaremos en falta, profundamente, su ausencia».