Manuel López Jiménez
Sacerdote (1928-1994)
Nacimiento: Sevilla, 10 de diciembre de 1928
Profesión religiosa: San José del Valle, 12 de septiembre de 1946
Ordenación sacerdotal: Córdoba, 23 de junio de 1957
Defunción: Sevilla, 17 de septiembre de 1994
Nació en Sevilla el 10 de diciembre de 1928 en el seno de una familia sencilla y profundamente cristiana. Pronto conoce a los salesianos de la casa de la Trinidad, donde ingresa como alumno. A los 10 años inicia en la casa de Antequera su aspirantado, que prosigue en Montilla. Hace en San José del Valle el noviciado, coronado con la profesión religiosa (12 de septiembre de 1946), y en Utrera-Nuestra Señora de Consolación estudia la filosofía. El trienio práctico lo comparten las casas de Écija y Morón.
Los años de teología los cursa entre Alcalá de Guadaíra y Posadas. En Córdoba recibe la ordenación sacerdotal el 23 de junio de 1957. Marcha inmediatamente a Turín, donde obtiene la licenciatura en Sagrada Teología. Vuelto a la inspectoría, tras un curso en la casa de Utrera, es destinado a Posadas, como profesor y asistente de teólogos, por tres años.
En el curso 1962-1963 lo encontramos como administrador, inaugurando el aspirantado eventual de Sanlúcar la Mayor. Desempeña después el servicio de catequista en Alcalá de Guadaíra y Sevilla-Trinidad. El sexenio siguiente (1968-1974) lo vive en la Universidad Laboral de Sevilla, desplegando una fecunda labor docente y pastoral entre la juventud profesional.
Después de licenciarse en Historia de la Iglesia en Roma, pasa el decenio siguiente en las casas de Utrera, La Orotava y, sobre todo, en Sevilla-Trinidad.
En 1985 torna a Roma, como colaborador del postulador en las causas de beatificación y canonización. Se dedicará durante dos años con entusiasmo a actualizar las causas de los mártires salesianos españoles, carga demasiado pesada para su salud, que comenzaba a resentirse física y psicológicamente.
Vuelto a la inspectoría, reemprende las tareas educativas y docentes en Utrera; luego pasa, como secretario, al centro de estudios catequéticos-Sevilla y, tras un breve paréntesis en la casa de Morón, ante el avance incontenible de la enfermedad, vuelve definitivamente a la casa de Sevilla-Trinidad.
Hombre de ingenio despierto y ágil, supo aprovechar las muchas circunstancias que la Congregación le brindó para adquirir una cultura vasta y diversa. Abarcaba la literatura, la historia, el folclore, la religiosidad popular… Recoge cuanto puede interesarle y son innumerables los trabajos, hechos por él y guardados con verdadero mimo.
Aun siendo un espíritu crítico por naturaleza, a veces exaltado, sin embargo nos ha quedado la imagen de hombre correcto y pulcro, de trato afable y cariñoso, que dejó a su paso por las diversas casas innumerables amigos.
Pero, sobre todo, destacó en la predicación de la Palabra de Dios. Director espiritual de varias hermandades, era orador por ellas requerido.
Vivía con ardor la vida de la Congregación. El trabajo de licenciatura en Historia de la Iglesia lo hizo sobre la fundación de Utrera, primera presencia salesiana española.
María Auxiliadora ocupaba un lugar de privilegio en su espiritualidad salesiana. ¡Cuántas veces le dedicó a Ella lo mejor de su predicación! ¡Con qué cariño recibía en sus últimos días la bendición de María Auxiliadora, que desde una capillita domiciliaria presidía su mesilla!
Aquejado de una seria enfermedad, fueron inútiles las varias operaciones quirúrgicas que soportó. Sabedor al detalle del mal que padecía, la muerte no le sorprendió y se preparó a ella. El 17 de septiembre de 1994 entregaba en Sevilla su espíritu, a los 65 años.