Juan Marín del Amor
Sacerdote (1911-1985)
Nacimiento: Cehegín (Murcia), 2 de diciembre de 1911
Profesión religiosa: Gerona, 29 de julio de 1930
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 19 de diciembre de 1942
Defunción: Alcoy, 16 de enero de 1985
Nació el día 2 de diciembre de 1911 en Cehegín (Murcia), en el santuario de la Virgen (pedanía de Canara) y del que sus padres, Juan y Ana María, eran los santeros. En aquel ambiente de devoción mariana pasó Juan sus primeros años hasta que, a los 5, perdió a sus padres.
Al quedar huérfanos Juan y sus dos hermanos, fueron recogidos por unos familiares que llevaron a Juan a las escuelas salesianas de Sarrià en Barcelona, de donde pasó a El Campello para comenzar el aspirantado. En Gerona realizó el noviciado, profesó el día 29 de julio de 1930 y cursó los estudios de filosofía. En la casa de Sarrià, por él tan bien conocida, hizo el trienio práctico.
El estallido de la Guerra Civil truncó su camino hacia el sacerdocio y en Tarragona, durante esos años de la guerra, se ganó la vida como mozo de gasolinera. Terminada la contienda, se integró de nuevo a la Congregación. Al cabo de un año en Mataró, hizo su profesión perpetua y marchó a Madrid-Carabanchel Alto para completar los estudios de teología. Fue ordenado sacerdote el día 19 de diciembre de 1942 por monseñor Eijo y Garay.
Comenzó su apostolado salesiano y sacerdotal como consejero escolástico en Villena, continuó como director del aspirantado de El Campello y volvió de nuevo a su siempre querida casa de Sarrià. Pero fue en Alcoy, comunidad en la que permaneció durante los 25 últimos años, donde encontró la segunda patria que colmó su corazón salesiano y sacerdotal.
Don Juan tenía un alma de niño, de un natural alegre, vivaz y cordialmente comunicativo, cautivaba a cuantos le trataban y de un modo muy especial a los niños, con los que llegó a entenderse a las mil maravillas: le querían y se encontraban a gusto con él. Como buen salesiano, don Juan había convertido su vida en un permanente acto de servicio en pro de los niños, cumpliendo con el propósito al que se había comprometido: «Seré santo, sencillo, servicial y sincero».
Para cumplir este propósito, don Juan se valió de dos actividades muy queridas que le mantenían en continuo contacto con los niños y los jóvenes y a las que se entregó sin descanso. Una de ellas fue el famoso y recordado «Bartolín», un pequeño bar donde se vendía de todo un poco: caramelos, bocadillos, refrescos y algunos objetos de papelería. La otra, su afición a la música. Enseñó a cantar a los niños, en todas las casas por donde pasó formó escolanías que gozaban de la estima general y daban realce a las ceremonias religiosas y veladas salesianas. Él mismo tenía una hermosa voz de tenor con la que amenizaba las sobremesas salesianas interpretando sobre todo el «Canto a Murcia» de la zarzuela La Parranda: «En la huerta del Segura…».
El día 16 de enero de 1985 moría de manera repentina. Lo encontraron cadáver en su cama como si estuviera serenamente dormido con las manos sobre el pecho. Tenía 73 años de edad.
Apenas conocerse la noticia de su muerte, muchos antiguos alumnos, cooperadores, padres de alumnos y amigos de los salesianos se personaron para testimoniar su condolencia y rezar ante sus restos mortales, que descansan en el cementerio de Alcoy.