Luciano Martín Hernández
Coadjutor (1902-1975)
Nacimiento: Villarino de Aires (Salamanca), 8 de enero de 1902
Profesión religiosa: San José del Valle, 3 de abril de 1924
Defunción: Sevilla, 17 de julio de 1975
Luciano nace en el pueblecito salmantino de Villarino de los Aires, de padres labradores.
Durante cinco años (1914-1919) estudia en el seminario diocesano de Salamanca, cursando humanidades y parte de filosofía.
Deja el seminario y se embarca durante un año a Cuba. Ya en España, ingresa como aspirante en el colegio salesiano de Utrera (1922) y, tras unos meses, pasa a San José del Valle, donde hace el noviciado, que concluye el 3 de abril de 1924 con la profesión religiosa, y, a continuación, completa los estudios de filosofía. En septiembre forma parte como clérigo trienal de la comunidad que abre la primera presencia salesiana de Canarias en Las Palmas. En 1927 inicia teología en el estudiantado teológico nacional de El Campello, pero no termina aquí los estudios; al curso siguiente aparece en la casa inspectorial Sevilla-Trinidad, como clérigo ya de votos perpetuos, simultaneando estudios teológicos con asistencias y clases, ritmo de vida que prosigue en Cádiz hasta 1932.
En el curso 1932-1933 aparece en la casa de Sevilla-San Benito de Calatrava, como coadjutor.
Los primeros años del quinquenio los pasa en Écija y Alcalá de Guadaíra para instalarse definitivamente en Sevilla, a medias entre Triana y Trinidad, donde permanecerá hasta su muerte, a excepción del curso 1961-1962, destinado a Jerez como maestro del Hogar de la Inmaculada Concepción, origen del actual Centro de Formación Profesional Manuel Lora Tamayo.
La estampa de Luciano es la del salesiano con guardapolvo de faena en medio de los muchachos. Se caracterizó fundamentalmente por su dedicación a la enseñanza. Fue un maestro de carácter un poco adusto y exigente. Consiguió hacer estudios oficiales de magisterio de enseñanza primaria cuando ya estaba bastante entrado en años.
Ejerció también otras misiones, como corrector de imprenta y ayudante de secretaría, sin dejar su contacto con los muchachos en los patios, especialmente mientras existió el internado.
Aunque no muy expresivo, por su carácter bastante retraído, era hombre de fe profunda y convencida, manifestada en la observancia de los compromisos religiosos. Su vida de oración se manifestaba con la sencillez característica de la espiritualidad salesiana, sustentada sobre los pilares de la eucaristía y la devoción a María Auxiliadora.
Los años y las enfermedades fueron minando sus fuerzas. Sometido a varias intervenciones quirúrgicas, en la madrugada del día 17 de julio de 1975, fallecía a los 73 años de edad.