Sebastián Martínez Bueno
Sacerdote (1924-2013)
Nacimiento: Santo Domingo de Silos (Burgos), 19 de enero de 1924
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1944
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 28 de junio de 1953
Defunción: Logroño, 15 de octubre de 2013
Nació en Santo Domingo de Silos, a la sombra del famoso monasterio benedictino.
Después de los años de aspirantado, hizo el noviciado en Mohernando, que finalizó con la primera profesión religiosa emitida hasta el servicio militar. En el mismo Mohernando inició los estudios de filosofía, que continuó compaginándolos con el trienio en los colegios de La Coruña, Orense y de nuevo La Coruña. En 1949 empezó los estudios de teología en Carabanchel finalizados con la ordenación sacerdotal (28 de junio de 1953).
Fue destinado a la Escuela de Maestría de Barakaldo (Vizcaya) y en años sucesivos pasó por Béjar, Barakaldo y Santander, hasta que en 1964 recaló en el colegio de Cruces-Barakaldo. Desde aquí va destinado a Nueva Montaña (Santander). En 1978 hace el curso de formación permanente en El Campello y desde aquí regresa a Santander, donde permanece hasta el año en que, por salud, es enviado a la residencia Don Zatti de Logroño, donde falleció a los 89 años de edad.
Cabría destacar en don Sebastián su espíritu de trabajo y servicio. Bastaría repasar las numerosas cartas de obediencia recibidas en su dilatada vida religiosa, para reconocer su espíritu de sacrificio y de obediencia aceptando ese largo listado de cambios, difíciles humanamente de entender, pero que él recibía con ilusión y espíritu de servicio. Muchas veces reconoció las dificultades que tenía en las aulas, pero siempre —decía— actuaba pensando en las necesidades de los demás antes que en sus propios intereses.
«Don Sebas» era también un salesiano de patio. Hasta en los últimos tiempos y a pesar de sus limitaciones, se le veía en el patio a todas horas con su bata blanca, esperando cumplir su deber como diligente enfermero, curando a los accidentados y rodeado de los pequeñuelos que le pedían alguna golosina.
Quienes han seguido su trayectoria salesiana de cerca, han podido constatar muchos detalles de su brillante inteligencia, cuando traía a colación en sus conversaciones hechos y no pocas historias, salpicadas por su fino humor. Mostraba unos conocimientos no comunes tanto en el campo de las letras como en las ciencias. Fue profesor, catequista, confesor, administrador, asistente… Él mismo decía que la obediencia hace milagros.
Como sacerdote ponía un enorme interés en el ejercicio de la confesión, no solo en el colegio sino en cualquier parte donde él viera necesidad y se le pidiera colaboración. Conquistaba los corazones de las gentes por su sencillez y su mansedumbre. Su espíritu sacerdotal le llevaba también a ayudar a las parroquias mientras las fuerzas le respetaron.
Mostró siempre una gran estima por la Congregación, tenía un gran aprecio por Don Bosco, María Auxiliadora y por todo lo salesiano. Se puede afirmar que don Sebastián vivió con radicalidad y fidelidad su vocación salesiana y sacerdotal, entregado al trabajo de la viña salesiana con ilusión y sin reservas allá donde los superiores le enviaran.