Noguer Ariza, Francisco Javier

Francisco Javier Noguer Ariza

Coadjutor (1887-1978)

Nacimiento: Málaga, 25 de marzo de 1887
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de septiembre de 1939
Defunción: Sevilla, 27 de mayo de 1978

Nace en Málaga. Su padre era médico, aunque vivía de sus tierras. Los nueve hermanos estudiaron en el colegio salesiano de Utrera. A los 15 años termina el bachillerato y a los 20 es abogado por la Universidad de Granada.

Marcha a Buenos Aires, donde hizo una gran fortuna. Pero no se encuentra satisfecho de su vida. Veinte años luchando por casarse. Veintinueve años de ateo. Comienza su peregrinación personal buscando la voluntad de Dios. Lo intenta primero en los jesuitas, luego un año en el seminario de Cádiz, tres meses con los benedictinos de Montserrat. Y, al fin, Dios lo rinde a los pies de María Auxiliadora, rescoldo de sus estudios utreranos. «Yo era un bala perdida. Si no es por la Congregación Salesiana…». A ella llega con más de 50 años.

Realiza un aspirantado de tres años en Montilla ocupándose, vestido con su largo guardapolvo oscuro, de los más humildes oficios. Profundamente devoto del Sagrado Corazón, se le veía largas horas en la iglesia, ayudando en la misa, repartiendo opúsculos religiosos, que él mismo había hecho imprimir.

Dona antes de iniciar el noviciado su cuantiosa fortuna a las inspectorías de Sevilla y Buenos Aires. El noviciado (1938-1939) termina con la profesión el 8 de septiembre de 1939, a sus 52 años, previa dispensa de edad por parte de la Congregación.

Poco después solicita ir a las misiones, sin conseguirlo. Destinado a la casa de Sevilla-Santísima Trinidad, pasará en ella 20 años (1939-1959) ejerciendo con verdadera entrega los servicios de sacristán y enfermero.

Luego continúa en Campano durante años, dando al principio alguna clase de derecho laboral, de contabilidad mercantil o de francés, sin dejar el servicio de sacristán. Y, de repente, un nuevo oficio: viajes a Argentina, para arreglar los asuntos de sus bienes.

Su vida se fue apagando, a los 91 años de edad y 39 de profesión. Y humilde y calladamente, entregaba su alma a Dios en Sevilla, rodeado de hermanos religiosos y olvidado de todo lo demás, al amanecer del día 27 de mayo de 1978.

Dos virtudes parecen destacar en este salesiano: su pobreza extrema, que le hacía vestir en forma muy pobre (en su diario espiritual deja constancia de lo difícil que fue para él la adaptación a esa austeridad de vida) y la otra virtud fue su vida de oración, que se tradujo en su vida hecha oración. Fue un verdadero contemplativo en la acción. En los últimos años pasaba gran parte de la jornada en la capilla en oración larga y silenciosa o paseando con el rosario entre las manos.

He aquí una descripción de su persona ya casi al final de su vida: «Este que veis, tieso, lúcido, de barba luchana, frente despejada, bastón de contera, andar renqueante, a compás del esparto, de magníficos posibles en el siglo y probada austeridad en la vida religiosa, se llama comúnmente Francisco Javier Noguer. Poquita salud desde pequeñín, (muriendo, lo motejaban los compañeros), ha ido ganando etapas hasta el presente. Fue tarambana y aventurero en su juventud y ha cumplido 90 años cabales. Le castañean los dientes, pero no le tiemblan las palabras. Perdió su hacienda en batallas de generosidad. Dice haber conquistado la felicidad y la paz totales. Dichoso él».