José Ignacio Pérez de Nanclares y Ortiz de Zárate
Sacerdote (1943-2006)
Nacimiento: Salinas de Añana (Álava), 31 de julio de 1943
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1959
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 22 de febrero de 1970
Defunción: Pamplona, 19 de diciembre de 2006
José Ignacio (Nacho) nació en Salinas de Añana (Álava) pero sus padres vivían en Barakaldo y el colegio salesiano fue modelando su vida y decidió hacerse salesiano.
En septiembre de 1954 inició la formación salesiana en los seminarios de Astudillo y Arévalo. Hizo la profesión religiosa en Mohernando y, después de estudiar filosofía en Guadalajara, realizó las primeras prácticas salesianas en la Ciudad Laboral Don Bosco de Errenteria (Guipúzcoa). Después del trienio fue a Salamanca para continuar los estudios de teología en la Universidad Pontificia y recibir la ordenación sacerdotal al finalizar los mismos. Una vez ordenado, fue destinado como asistente de novicios en Logroño, donde la constancia del día a día, la preparación de nuevas materias, los trabajos en los jardines y en la casa y el acompañar a aquellos jóvenes en los inicios de la vida salesiana, fueron las coordenadas que hicieron que Nacho fuera un sacerdote joven apreciado y admirado.
A su estancia en Logroño le siguieron los 10 años en la casa de Deusto, con diversos cargos en la escuela y haciendo sus estudios civiles para sacar la licenciatura en Filosofía. Durante ocho años en Urnieta y Burgos estuvo como profesor de Filosofía de los salesianos jóvenes postnovicios. Sus clases interrogaban al alumno sobre el sentido de la vida, sobre la felicidad, sobre los valores de la sociedad. Vivió e hizo vivir en profundidad los valores religiosos y humanos: la fe, la eucaristía, el sacerdocio, la responsabilidad en el trabajo, la austeridad de vida, la disponibilidad.
En 1991 llegó a su colegio de Barakaldo, en el que estuvo 14 años, como profesor y jefe de estudios. El colegio y los alumnos fueron para Nacho el lugar para manifestar su ser salesiano y para entregarse, día a día, a los jóvenes. El patio fue uno de los lugares preferidos para su saludo; los deportes y los campeonatos en las fiestas, el modo de verles alegres y gozar con su alegría desbordante.
En 2006 fue destinado a Pamplona, pero pronto su salud comenzó a dar preocupantes señales de que no se encontraba bien. A finales de octubre ingresó en la Clínica San Miguel. Se dijo que su muerte era cuestión de horas. Pero su vida se prolongó algunos días más. Estuvo atendido día y noche por su familia, por la comunidad y por los salesianos más cercanos que lo acompañaron en su despedida. Falleció el 19 de diciembre de 2006, a los 63 años.
José Ignacio fue siempre un buen profesor, un gran educador de jóvenes, pero fue, sobre todo, salesiano y amigo.