Lorenzo del Pozo Redondo
Sacerdote (1887-1964)
Nacimiento: Rábano (Valladolid), 10 de agosto de 1887
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 1908
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 27 de septiembre de 1920
Defunción: Bilbao, 19 de octubre de 1964
Nació en Rábano (Valladolid). Entró en el colegio de Santander el día 23 de septiembre de 1903. Hechos y finalizados los estudios elementales en dicho colegio, fue admitido para hacer el noviciado en Madrid-Carabanchel Alto (1907-1908), que finalizó haciendo la primera profesión.
En la misma casa de Carabanchel continuó los estudios de filosofía durante tres años. El trienio lo vivió en Madrid-Carabanchel Alto, Vigo y Béjar. Después de esta experiencia continuó con los estudios de teología en El Campello y Salamanca. Finalizó los mismos recibiendo la ordenación sacerdotal en Salamanca.
Después de ser ordenado sacerdote, fue destinado como consejero al colegio de Santander-Padre Viñas, a Barakaldo, de nuevo al colegio Padre Viñas, San Matías (Vigo), Barakaldo, Salamanca-San Benito, Santander-Padre Viñas y como confesor (1929-1930) a Salamanca-San Benito.
Los años 1930-1932 estuvo como director del Boletín Salesiano en Turín. Regresó a España y fue enviado como director al externado de Astudillo. Aquí estuvo un año y de 1935 a 1941 va pasando como confesor y maestro por los colegios de Orense, Béjar y La Coruña.
En 1941 fue enviado a la inspectoría de la región Bética, concretamente como confesor de los dos colegios de las Hijas de María Auxiliadora en Jerez. Fue también encargado del externado de Algeciras, confesor y maestro en Pozoblanco. De 1944 a 1947 fue confesor y encargado de un asilo en Carmona y más tarde confesor en el Hogar de San Fernando de Sevilla.
En 1950 regresó a la inspectoría de Madrid y durante cinco años estuvo en Salamanca-San Benito como confesor y maestro, tarea que continúa en Bilbao-Deusto desde el año 1955 hasta el final de su vida en 1964.
Ciertamente la vida de don Lorenzo fue movida, símbolo para los que creemos que en esta tierra no tenemos morada fija hasta que no consigamos la auténtica en el Paraíso.