José Luis Reig Pérez
Sacerdote (1934-2004)
Nacimiento: Alcoy (Alicante), 15 de abril de 1934
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1951
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 29 de junio de 1961
Defunción: El Campello, 13 de junio de 2004
Nació el 15 de abril de 1934 en Alcoy (Alicante) de Rosa y Gaspar, padres muy unidos a la Familia Salesiana, a la que entregaron sus dos hijos, José Luis, como sacerdote, y Gaspar, salesiano cooperador.
En 1941 entró como alumno del colegio salesiano de su ciudad, vivero fecundísimo de vocaciones. Partió al Tibidabo como aspirante y después a Sant Vicenç dels Horts. Inició con otros 42 compañeros más el noviciado en Martí-Codolar y, al mes y medio, inauguraron la nueva casa de noviciado en L’Arboç del Penedès (Tarragona). Allí hizo su primera profesión el 16 de agosto de 1951. Siguieron los estudios de filosofía en Gerona y Sant Vicenç dels Horts y el trienio práctico en el externado del colegio de Valencia-San Antonio. Cursó los estudios de teología en Martí-Codolar, donde fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1961.
Tras un curso en Sádaba, como consejero escolástico de los aspirantes, marchó al PAS de Turín (La Crocetta), donde obtuvo la licenciatura en Teología.
Comenzó entonces un largo y fecundo peregrinar por diversas casas de la inspectoría: Ibi, como consejero y luego director, Cartagena (vicario), Urnieta (formación permanente), Elche (director), El Campello, Cuenca (director), Cartagena de nuevo Villena (director) y finalmente Alicante-Don Bosco.
Limitado por su estado de salud, en 2002 fue llevado a El Campello, donde falleció serenamente el 13 de junio de 2004, a los 70 años de edad, a consecuencia de una parálisis progresiva irreversible causada por el ELA (esclerosis lateral amiotrófica).
José Luis vivió, ya de pequeño, su vocación sacerdotal. Fue su firme propósito: «Pido a Dios que me haga un santo sacerdote». Ya en teología, sus formadores lo intuyeron: «Hay grandes esperanzas de que sea un gran sacerdote». Lo corroboró con su espíritu siempre servicial en el desempeño de su ministerio. Jamás se negó a ayudar en la parroquia tanto de Ibi, como de Onil o Castalia. Sabían los párrocos que podían disponer de él.
Los dones de naturaleza y gracia con que Dios adornó su personalidad le ayudaron sin duda a realizar plenamente su ideal sacerdotal y salesiano, pues José Luis era una persona de bondad espontánea, siempre cariñoso, atento y agradecido, con su chispa de picardía y buen humor.
Por eso le resultó fácil ganarse a las gentes de Ibi y sobre todo de Elche, donde consiguió un ambiente realmente familiar con la Filá Boscos, la cofradía del Calvario y entre la Familia Salesiana.
Su larga y penosa enfermedad fue la piedra de toque donde quedó demostrada la calidad de su bondad y la hondura de su fe: ni una queja, ni un lamento, solo una admirable paciencia, delicadeza y agradecimiento, actitudes que únicamente pueden provenir de la fe que José Luis tenía en Dios y en la confianza en el auxilio de María, los dos apoyos de su vida salesiana y sacerdotal.