Revilla Barriuso, Lázaro

Lázaro Revilla Barriuso

Sacerdote (1939-2009)

Nacimiento: Villangómez (Burgos), 7 de mayo de 1939
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1955
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 28 de febrero de 1965
Defunción: Burgos, 12 de diciembre de 2009

Lázaro nació en el pueblo burgalés de Villangómez el 7 de mayo de 1939. Sus padres fueron Gregorio y Josefa, un matrimonio de profundas convicciones cristianas, que Dios bendijo con 13 hijos, de los cuales cinco fueron sacerdotes y dos religiosas Hijas de María Auxiliadora. Lázaro ocupaba el sexto lugar de esta levítica familia.

Inició sus primeras letras en la escuela del pueblo. A los 11 años, siguiendo los pasos de su hermano Eduardo, misionero en Filipinas y Papúa Nueva Guinea, entró como aspirante en el colegio de Astudillo, donde cursó los dos primeros años de aspirantado, pasando seguidamente a Arévalo para completar los dos restantes.

En 1954 ingresó en el noviciado de Mohernando, donde profesó el 16 de agosto de 1955. Los estudios de filosofía los realizó en Guadalajara y al terminarlos fue destinado a hacer el tirocinio práctico a las casas de formación de Astudillo, Celanova (Orense) y Cambados. Los cuatro años de teología los cursó en Salamanca, donde fue ordenado sacerdote el 28 de febrero de 1965.

Estrenó su ministerio sacerdotal en el seminario de Cambados y al finalizar el año, manifestó su deseo, madurado desde hacía tiempo, de trabajar en las misiones, para cuyo trabajo se había ido preparando concienzudamente, no solo espiritualmente, sino consiguiendo el título de Maestro Nacional y una buena preparación en música y canto gregoriano.

Fue destinado a Filipinas. Allí obtuvo la licencia en Filosofía y en Teología y se doctoró en Psicología, compatibilizándolo con su trabajo habitual.

Tan buena preparación humana e intelectual lo capacitó para ocupar cargos de gran responsabilidad: 1966-1968, administrador y vicario de la casa de San Fernando de Pampanga; 1968-1970, jefe de estudios en el seminario de Canlubang; 1970-1973, maestro de novicios; 1973-1976, vicerrector del teologado de Parañaque; 1976-1981, vicario provincial y director de la casa inspectorial: 1981-1987, inspector de las Islas Filipinas, con sede en Manila-Parañaque, así como encargado de las misiones de Papúa Nueva Guinea, Indonesia y Timor Este; 1987-1993, rector del centro de teología de Filipinas; al terminar el sexenio como director del centro, pasó un año en la casa inspectorial (1993-1994), iniciando su trabajo en la Procura de misiones de la inspectoría filipina, tarea que continuó dos años más (1994-1996) en Parañaque; en 1995 tuvo que someterse a una seria operación de corazón, que no le impidió seguir trabajando, al menos por unos años; de 1996-2002 volvió a la casa inspectorial, como ecónomo inspectorial, pero sin dejar la Procura de misiones. Al final de esta etapa se le declara un cáncer en la boca que, unido al bajo funcionamiento de su corazón, le obligará a reducir su actividad. En los años 2002-2004 fue vicario de la casa provincial. De 2004 a 2008 estuvo destinado en la casa de enfermos de Makati, dedicando buena parte del tiempo a la preparación minuciosa del libro Incarnating the Christmas Story.

«The Salesian Transforming Presence», una aplicación de una teoría de los valores a algunos capítulos de la Ratio de Formación Salesiana.

A partir de 2008 su vida transcurre entre la casa de enfermos y las frecuentes estancias en el hospital. En septiembre de 2009 vino a España, a la comunidad de su hermano Isidro, en Burgos, buscando alguna mejora en su deteriorada salud. Vivió los últimos tres meses en la comunidad de Fuentecillas de Burgos y, tras una muy breve estancia en el Hospital«Divino Vallés» de Burgos, entregó su alma a Dios el 12 de diciembre de 2009.

Lázaro fue un hombre de gran fe, de carácter fuerte, pero bien controlado, gran trabajador y responsable en todo lo que hacía. Se entregó sin reserva a Dios y a la Congregación, con todo lo mucho que llevaba dentro, ganándose así el aprecio y el agradecimiento de todos, por su gran obra realizada en las misiones. Dios se lo habrá premiado.