Marcelino Rey Pallarés
Coadjutor (1918-1993)
Nacimiento: Estach (Lérida), 22 de junio de 1918
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 8 de septiembre de 1944
Defunción: Sant Vicenç dels Horts, 23 de marzo de 1993
Nació en Estach, pequeño pueblo en las estribaciones del pirineo leridano, el 22 de junio de 1918. Los años de su infancia y adolescencia los vivió junto a su familia, trabajando sobre todo como pastor de los rebaños de su casa.
Acabada la Guerra Civil, a los 23 años acude a la casa salesiana de Sarrià, donde realiza el aspirantado (1941-1943), alternando su formación salesiana con el trabajo como vaquero y panadero. En 1943 inicia el noviciado en Sant Vicenç dels Horts, donde emite su primera profesión religiosa como coadjutor el 8 de septiembre de 1944.
Ya profeso, la obediencia le fue llevando por El Campello, Valencia, Gerona, Sant Vicenç, de nuevo Gerona y finalmente Sant Vicenç, donde pasó sus últimos años alternando siempre el trabajo en el campo con su dedicación a los muchachos a través de su presencia entre ellos y del deporte.
El señor Rey fue uno de esos salesianos sencillos y trabajadores, un hombre del pueblo que día a día, silenciosamente, fue desgranando su vida por el bien de los jóvenes. Y así, durante sus últimos años, ejerció de «abuelo» de la escuela de formación profesional de Sant Vicenç. No había recreo en el que no estuviera sentado, con su gorra y su bastón, charlando con los alumnos. No importaba su corta estatura, su figura se dejaba ver.
En los tiempos libres que la huerta le dejaba, se hacía presente entre los jóvenes a través del deporte. Entre las pocas cosas que conservó hasta el final mostraba, como sus trofeos más preciados, los equipajes y fichas de sus sucesivos equipos.
Dentro de su sencillez, fue exquisitamente fiel a sus compromisos como salesiano y firme en sus convicciones religiosas. Hasta el último momento fue puntualísimo a todos los actos comunitarios, desde las prácticas de piedad, hasta las diversas reuniones comunitarias.
En la última fiesta de Don Bosco, participando como un alumno más en uno de los talleres de actividades, hizo dos chapas: en una puso la imagen de Don Bosco y en la otra colocó su fotografía. Se las colocó en la solapa y las paseó orgulloso durante el mes y medio que transcurrió antes de ser ingresado en el Hospital Clínico.
«Amigos —dijo un salesiano a los chicos, al anunciar su muerte—, se nos ha muerto el abuelo de todos, es una pena. Claro que hemos ganado un abuelo en el cielo. Supongo que andará ya por allí con su gorra y su bastón paseando las dos chapas que son el resumen de su vida y saludando a viejos amigos.
A partir de hoy nuestro patio estará sin abuelo, pero ni nos quitará el ojo de encima, ni nos va a faltar su ternura desde el cielo».
Su funeral fue una muestra palpable del aprecio y cariño de familiares, salesianos y amigos del pueblo hacia la figura del señor Rey. No en vano había vivido en Sant Vicenç 37 de sus 74 años de vida.