Cirilo Sagastagoitia Iza
Sacerdote (1885-1978)
Nacimiento: Barakaldo, 9 de julio de 1885
Profesión religiosa: Sarrià, 13 de marzo de 1903
Ordenación sacerdotal: Vitoria-Gasteiz, 6 de junio de 1914
Defunción: León, 10 de agosto de 1978
Nació en Barakaldo el 9 de julio de 1885, 12 años antes de que llegaran los salesianos a abrir el colegio. A sus 14 años ingresó como aspirante en el colegio salesiano de la calle Viñas de Santander y de allí pasó a Villaverde de Pontones. El 19 de octubre le impuso la sotana don Rua. Su primera profesión religiosa la hizo en la casa de Barcelona-Sarrià, el 13 de marzo de 1903. Cursó filosofía un año en Gerona y dos en el colegio de Ronda de Atocha en Madrid. El trienio, dos años en Madrid y uno en Santander (1908-1910), donde estuvo al frente del Batallón de Exploradores Auxilium, que despertó muchas simpatías en la ciudad.
Estudió teología en Madrid y fue ordenado sacerdote en Vitoria-Gasteiz el 6 de junio de 1914.
A partir de aquí sus destinos se van alternando como catequista o administrador entre Salamanca, colegio de San Benito, San Matías de Vigo, Santander, Madrid-Estrecho, Colegio Don Bosco de La Coruña y en 1953 es destinado como confesor a la Universidad Laboral de Zamora y en 1958 al colegio Calvo Sotelo de La Coruña.
En el año 1962, recibe el último destino aquí en la tierra: prestar sus servicios de confesor en el colegio de Huérfanos de Ferrocarriles de León. Y de aquí, con su equipaje de merecimientos, al cielo.
Don José Luis Bastarrica ha dejado este perfil humano de don Cirilo: «Era ancho y fuerte como las rosas de su tierra vizcaína; sincero y franco como las limpias aguas que bajan de las montañas, era un símbolo: el de la tradición salesiana».
Su fuerte temperamento y sus ciriladas, como las llamaba él, contrastaban con su delicadeza y ternura. Tenía unos sentimientos y una sensibilidad que lo hacían ser profundamente humano, al servicio siempre de los demás. Por donde pasó don Cirilo dejó honda huella en las almas de sus alumnos y de las gentes que se acercaron a él, sobre todo, por razón de su ministerio.
Fue metódico en las comidas y ejemplo de austeridad, nunca se le oyó quejarse ni del frío ni de calor. Demostró un amor filial a Don Bosco y a la Congregación. Encargado durante varios años de la Archicofradía de María Auxiliadora, se esforzó por inculcar esa devoción mariana, con el más ardiente celo y espíritu.
El 20 de marzo de 1978 una trombosis cerebral le dejó paralizado parte de su cuerpo. Desde esa fecha poco a poco fueron disminuyendo sus facultades. Murió en León a los 93 años, rodeado de los hermanos de la comunidad, el día 10 de agosto de 1978. Su nombre ha quedado grabado como uno de los ilustres padres de la presencia salesiana en España.