Carlos Saiz Ruiz
Sacerdote (1926-2018)
Nacimiento: Valdecolmenas de Abajo (Cuenca), 4 de noviembre de 1926
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1949
Ordenación sacerdotal: Madrid-Carabanchel, 22 de junio de 1958
Defunción: Logroño, 8 de diciembre de 2018
Carlos, el mayor de cinco hermanos, nació el día 4 de noviembre de 1926 en Valdecolmenas de Abajo, Cuenca, en el seno de una familia humilde y cristiana. Con cierto pesar familiar, pero con una gran generosidad, porque se perdían dos brazos muy necesarios para el sostenimiento familiar.
Carlos ingresó en el seminario de Mohernando a la edad de 17 años. En esta misma casa hizo su primera profesión el día 16 de agosto de 1949. Continuó las etapas de formación: filosofía en San Fernando, Madrid; tirocinio en La Coruña y la teología en Carabanchel, Madrid, siendo ordenado sacerdote el día 22 de junio del año 1958.
Su primera obediencia, como sacerdote, fue a San Fernando, donde estuvo dos años. Él mismo la definió como una etapa dura y de mucho trabajo. Ya desde el principio dio muestras de su enorme capacidad de organización y trabajo. Desempeñando la función de consejero, supo guardar la disciplina con mucha naturalidad, sin rigideces. Era muy activo y hacía participar a los chicos en la organización de las actividades.
En 1960 fue destinado al aspirantado de Zuazo de Cuartango (Álava), donde durante cuatro años desempeñó los cargos de ecónomo (1960-1962) y de consejero (1962-1964). Es ésta, la del trabajo en el aspirantado, una de las etapas que recordaba con especial cariño, sobre todo por lo que le supuso de experiencia y aprendizaje.
Aquí se manifestó, sobre todo en la labor educativa con los aspirantes, su ilusión, iniciativa y creatividad. Como consejero y organizador de la vida diaria enseñó, con su ejemplo, el orden, la constancia, el trabajo bien hecho, el afán de superación, virtudes que ha conservado durante toda su vida.
En 1969 fue destinado a Nueva Montaña, Santander, donde permaneció casi 20 años, primero como consejero (1969-1979), después vicario (1979-1981) y los últimos seis años (1981-1987) como director y párroco. Dicho por él, en esta etapa desarrolla su celo sacerdotal. De nuevo se repitió su entrega poniendo su vida y vocación salesiana a disposición de la gente sencilla del barrio, un barrio obrero y con identidad propia.
Tras un año en Logroño (1987-1988), la obediencia lo coloca de nuevo en Barakaldo, esta vez como encargado de la Iglesia. Esta será su casa durante 30 años (1988-2018). El nombre y la Iglesia de María Auxiliadora fueron su campo de acción apostólica. Su celo pastoral, su creencia firme en la eficacia de las devociones populares, el amor a la Virgen, el sentido salesiano de toda su actividad y muchas horas de presencia, hizo de la iglesia una verdadera casa que había que cuidar, mejorar, embellecer.
Aquí permaneció firme hasta que las fuerzas le dijeron que vale, cuando ya contaba con 91 años de edad. Un continuado desgaste vital le fue limando en su último año. Mermado en sus fuerzas, él mismo pidió ser trasladado a la casa de salud de Logroño, donde el día de la Inmaculada, al mes de haber cumplido los 92 años, entregaba su vida definitivamente al Señor. Creemos firmemente que fue un premio que le concedió la Virgen Auxiliadora: llevarle al Padre justo en este día tan mariano y de tan grande significación salesiana.
Además del gran cariño que demostró por su familia natural, don Carlos destacó por su gran amor a Don Bosco y a la Congregación y por un fuerte sentido de comunidad comprobado por el interés con que se tomaba las reuniones comunitarias cuando abordábamos temas de formación juvenil u otros temas más específicamente salesianos,
Carlos fue sobre todo sacerdote. Sus inquietudes como párroco en Nueva Montaña y como encargado de la Iglesia de Barakaldo así lo demuestran. Partidario de una oferta sacramental sencilla, popular, pero amplia, estaba siempre disponible para la gente que acudía a él. Si se ausentaba, era por estricta necesidad y después de dejar todos los compromisos bien resueltos.
En Carlos se puede decir que se han hecho ciertas las palabras de Don Bosco: “Tres cosas te puedo ofrecer en nombre del Señor: pan, trabajo (nunca le han faltado) y paraíso”, que creemos que tampoco le faltará al bueno de don Carlos, que quiso ser bueno… y lo fue.