Manuel Serrano Albors
Sacerdote (1914-1992)
Nacimiento: Valencia, 2 de mayo de 1914
Profesión religiosa: Gerona, 1 de agosto de 1930
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 30 de mayo de 1942
Defunción: Valencia, 30 de septiembre de 1992
Nació en Valencia el 2 de mayo de 1914. Fueron sus padres Vicente y Vicenta, campesinos ambos de posición modesta, que dieron vida a una familia cristiana de siete hijos, de los cuales dos secundaron la llamada de la vocación salesiana, Manuel y Enrique. Siendo muy niños, se quedaron huérfanos y fueron recogidos por sus familiares y las Hermanas de la Caridad.
Manuel a los 11 años ingresó en el colegio salesiano de Villena y ese mismo año (1925) marchó como aspirante a El Campello. Hizo el noviciado en Gerona y profesó el 1 de agosto de 1930. Siguieron los años de filosofía en Gerona y el trienio práctico en Sant Vicenç dels Horts. Al comenzar los estudios de teología en 1936, estalló la Guerra Civil española que se cobró la vida de su hermano Enrique, también salesiano.
Terminada la guerra, pudo ordenarse sacerdote en Madrid-Carabanchel Alto el 30 de mayo de 1942 y comenzar su labor apostólica en El Campello, Mataró y en el aspirantado de Huesca. En 1959 fue destinado a Monzón, donde permaneció durante 17 años. Marchó después a la República Dominicana y, a su regreso a España, durante la visita a su familia, murió en un accidente de carretera el día 30 de septiembre 1992, a los 78 años de edad.
Fue un sacerdote devorado por la caridad pastoral entre niños, jóvenes y personas mayores, profundamente espiritual, siempre dispuesto a servir.
En sus años de confesor en el aspirantado de Huesca dejaba admirados a todos atendiendo en los cargos, como uno más, en los servicios más duros, barriendo escaleras, fregando pisos… Siempre en discreto silencio y con una sonrisa angelical en sus labios.
Trabajó con gran entrega en el barrio de Mataró que la inmigración iba levantando detrás del colegio salesiano, donde se pusieron las bases de la futura parroquia de María Auxiliadora.
En Monzón, gozó de gran estima entre los pobres. A todos llegaba su celo sacerdotal. Su despedida fue un acontecimiento en todo el pueblo de Monzón. El 10 de octubre de 1975 el Ayuntamiento lo nombró Hijo Adoptivo de esa ciudad, en un acto multitudinario y emotivo como pocos. Un periodista le preguntó:
—«Don Manuel, ¿qué le parece esto? A lo que él respondió:
—Servir a Dios es reinar. Me habéis ayudado a serviros, me habéis ayudado a reinar».
A sus 61 años, pidió ir a misiones y fue enviado a Santo Domingo (República Dominicana), adonde llegó el 30 de noviembre de 1975 y en la que permaneció durante 17 años.
En su estancia en Santo Domingo, el padre Manolito —como le llamaban— siguió brillando por su entrega generosa al trabajo apostólico. En ocasiones dejaba atónitos a muchos que no se imaginaban cómo una persona de su edad se dedicaba en cuerpo y alma a realizar aquello que se proponía. A los enfermos entregó siempre lo mejor de sí.
Tras haber celebrado sus Bodas de Oro sacerdotales, vino a España para visitar a su familia. Pocos días antes de regresar a la República Dominicana, sufrió un accidente de carretera volviendo de visitar la casa salesiana de Monzón.
El funeral se celebró el 1 de octubre en la parroquia San Antonio Abad de Valencia, presidido por los inspectores de Valencia y Barcelona. Sus restos mortales fueron depositados en el panteón salesiano de Benimaclet (Valencia).
En su segunda patria, la República Dominicana, al finalizar el novenario de misas, los jóvenes de La Vega se expresaron así: «Gracias, Señor, porque nos diste un salesiano en mangas de camisa. Gracias por la vida y la obra del padre Manolito. Nunca faltaba en sus labios un “¡Hola! ¿Qué tal? ¡Dios te bendiga!”. Con infinita paciencia el padre Manolito fue un sacerdote ejemplar».