Sopeña Alcorlo, Andrés

Andrés Sopeña Alcorlo

Sacerdote (1925-2018)

Nacimiento: Fuencemillán (Guadalajara), 10 de noviembre de 1925
Profesión religiosa: Mohernando (Guadalajara), 16 de agosto de 1944
Ordenación sacerdotal: Madrid-Carabanchel Alto, 24 de junio de 1956
Defunción: Arévalo, 22 de enero de 2018

Nació Andrés en el pueblo alcarreño de Fuencemillán (Guadalajara) el 10 de noviembre de 1925. Sus padres, Andrés Sopeña y María Alcorlo, se trasladaron muy pronto a Madrid, al barrio de Cuatro Caminos, por lo que Andrés fue alumno externo del colegio salesiano de Estrecho. Allí nació su vocación. Parece ser que su padre, siendo él todavía niño, salvó la vida de don Alejandro Vicente, director de colegio, cuando se dirigía al piso de la calle Bravo Murillo donde estaban escondidos los salesianos del colegio. Desde entonces el pequeño Andrés estuvo muy ligado a don Vicente y a los salesianos.

Apenas terminada la guerra, pidió entrar en el aspirantado salesiano. Cursó los dos primeros años como aspirante en Mohernando, el tercero en Carabanchel Alto y el cuarto en Astudillo. En agosto de 1943 ingresó en el noviciado de Mohernando y allí hizo su primera profesión el 16 de agosto de 1944. También en Mohernando realizó los dos años de filosofía. Al terminar esos dos años, los superiores lo enviaron a estudiar filosofía y pedagogía en el Pontificio Ateneo Salesiano (PAS) de Turín (1946-1949). Allí tuvo ocasión de visitar los lugares donde vivió y trabajó Don Bosco, y donde residía entonces el rector mayor, don Pedro Ricaldone, y su Consejo. Esto le inspiró un profundo amor y conocimiento de Don Bosco y de la Congregación, que serían siempre una de sus referencias preferidas. Regresó a España licenciado en Filosofía-Pedagogía y fue destinado como profesor y educador al estudiantado salesiano de filosofía, que seguía estando en Mohernando.

Dejó Mohernando para cursar los estudios de teología en Carabanchel (1952-1956), y allí fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1956. Sus primeros pasos como novel sacerdote los dio en Guadalajara, donde se había trasladado el estudiantado filosófico, pero al año siguiente fue nombrado secretario inspectorial, cargo que desempeñó hasta 1962. Pasó después al recién inaugurado estudiantado teológico salesiano de Salamanca. Estando allí realizó su tesis doctoral de pedagogía en la universidad católica de Lovaina, alternando su residencia en Salamanca y en Bruselas. Al terminar su doctorado, fue nombrado profesor de Pedagogía y Psicología en la Universidad Pontificia de Salamanca, empeño que ejerció durante 24 años, desde 1971 hasta su jubilación al cumplir, en 1995, los 70 años de edad.

Al cerrarse el estudiantado teológico de Salamanca, Andrés pasó a residir en el colegio de María Auxiliadora de la ciudad. En la UPSA fue durante muchos años director del Instituto de Ciencias de la Educación (ICE), llevando a cabo una labor intensísima de formación de los futuros profesores de educación salidos de la Universidad Pontificia de Salamanca. Jubilado oficialmente para la enseñanza pública, fue destinado a la casa de Madrid-Estrecho, donde su veteranía, su bondad y su profundo sentido salesiano y sacerdotal fueron un tesoro del que supieron aprovecharse los hermanos y personal que en esos años pasaron por la casa de Estrecho. También impartió algunos cursos en el CES (Centro de Educación Salesiana) de Madrid. Poco a poco fue perdiendo facultades y en mayo de 2013, por recomendación de los médicos que le trataban, tuvo que ser trasladado a la casa salesiana de salud Felipe Rinaldi de Arévalo.

Fueron los suyos 92 años de vida intensa, vivida en una época de grandes transformaciones sociales, religiosas, culturales, en las que él trató de vivir con fidelidad sus acendradas convicciones. Junto a su firmeza, estaba también el corazón de padre que comprendía y ayudaba eficazmente. Entre sus grandes amores, aprendidos sobre todo en sus años de estudio en Turín, estaban María Auxiliadora, Don Bosco y la Congregación. Amores que él practicó y que difundió en sus enseñanzas y en sus escritos. Murió a los 92 años de edad en Arévalo, ya completamente enfermo de Alzheimer, el 22 de enero de 2018.