Zubizarreta Aramendi, Ignacio

Ignacio Zubizarreta Aramendi

Coadjutor (1928-2008)

Nacimiento: Azkoitia (Guipúzcoa), 1 de agosto de 1928
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 5 de noviembre de 1946
Defunción: Barcelona, 1 de julio de 2008

Nació en Azkoitia el 1 de agosto de 1928. Sus padres, José y Teresa, tuvieron ocho hijos, de los que seis respondieron a la llamada del Señor a la vida religiosa. Tres salesianos: Luis, Ignacio y José María, misionero muchos años en la India; sus hermanas religiosas: Arancha, Guadalupe y Karmele.

De su niñez recordaba con cariño a su familia, su casa, su caserío, sus montañas, su silencio… Volvía a ellos fácilmente en sus conversaciones e iba a su terruño siempre que podía.

El aspirantado lo hizo en Huesca en 1940. El noviciado, en Sant Vicenç dels Horts en 1945, al término del cual hizo su profesión religiosa en 1946. La profesión perpetua, en 1954.

Su recorrido salesiano es fácil de resumir: comenzó dedicándose a la cocina durante seis años en Gerona, Mataró y Huesca. Comprobó que la cocina no era lo suyo y fue destinado a la casa de Pamplona. Estuvo cinco años y allí obtuvo el título de maestro industrial en mecánica-automoción. Siempre hablaba con ilusión de la experiencia de aquellos años de trabajo entre los jóvenes que estudiaban automovilismo.

Finalmente fue destinado a Horta en 1957 como responsable del transporte escolar y en actividades de mantenimiento del colegio. En esta comunidad permaneció 50 años.

Su responsabilidad como encargado del transporte escolar no era sencilla ni pequeña. Fueron años de dedicación y de jornadas de trabajo muy largas, ejemplar en su comportamiento y siempre fiel a las prácticas de piedad.

Su taller estaba siempre abierto de par en par, sobre todo en las horas de recreo. Era un ir y venir de alumnos en busca de cualquier tipo de ayuda: un balón deshinchado o pinchado, una pelota perdida en el jardín o en la carretera… Ignacio estaba siempre preparado a echar una mano, cada día y a cualquier hora.

Cuando la enfermedad se apoderó de su cuerpo, dijo a su director: «Si tengo que ir a la residencia de enfermos de Martí-Codolar, lo haré encantado». No lo pasó bien en su enfermedad, pero, mientras iba derrumbándose su cuerpo, afloró con claridad su alma, alma de niño. En Martí-Codolar se encontraba muy bien y muy agradecido a todos, y allí murió el 1 de julio de 2008, a los 79 años de edad.

De carácter fuerte y sencillo, en él había como dos caras que se manifestaban con claridad: por una parte, parecía una persona dura: y, por otra, Ignacio se comportaba como una persona sencilla, casi inocente, expresada en su sonrisa de hombre bueno.