Lorenzo Fernández, Avelino

Avelino Lorenzo Fernández

Sacerdote (1932-2020)

Nacimiento: Maceda-San Pedro de la Ribeira (Orense), 1 de septiembre de 1932
Profesión religiosa: Mohernando, 18 de agosto de 1950
Ordenación sacerdotal: Carabanchel, 24 de junio de 1960
Defunción: Brea (EE.UU.), 11 de marzo de 2020

Nació Avelino en San Pedro de la Ribeira, del ayuntamiento de Maceda (Orense), el uno de septiembre de 1932. Sus padres fueron Benito Lorenzo y Olimpia Fernández, una humilde familia de campesinos. Entre sus hermanos estaba Amable Lorenzo, sacerdote salesiano. Tras cursar los primeros estudios en la escuela del pueblo, realizó su aspirantado en Astudillo y Arévalo. Entró en el noviciado de Mohernando en 1949 y allí profesó el 16 de agosto de 1950. Al final del noviciado su curso fue dividido en dos grupos, uno, el más numeroso, destinado a hacer dos años de filosofía, fue enviado al colegio de San Fernando de Madrid, y otro, más reducido, se quedó en Mohernando para hacer tres años de filosofía. Avelino fue de los que se quedaron en Mohernando. Al terminar los estudios de filosofía fue enviado a hacer el trienio a Béjar (Salamanca). La teología la estudió en Carabanchel Alto y allí fue ordenado sacerdote en 24 de junio de 1960.

Su ministerio sacerdotal lo comenzó como consejero en el colegio de huérfanos de ferroviarios de Madrid, pasando después sucesivamente a Carabanchel (1963-1965), a Puertollano (1965-1966) Salamanca (1966-1969) y a Madrid-Paseo de Extremadura (1969-1970) ocupando en todos estos colegios el cargo de catequista.

Durante un año marchó a Estados Unidos para estudiar inglés y a su regreso a España fue primero catequista en el colegio de Madrid-Atocha y después párroco en la parroquia de Madrid-Estrecho (1973-1976).

En 1976 dejó la inspectoría de Madrid y marchó a Estados Unidos, incardinándose a la inspectoría de Estados Unidos Oeste (USO), donde permaneció hasta su muerte, trabajando, sobre todo, con los emigrantes hispanos más pobres.

Avelino era una persona humilde y sencilla. Trabajador, responsable y constante en sus compromisos sacerdotales y salesianos, sin brillantez, pero con eficacia. Pertenecía al llamado curso “Savio” que siempre se distinguió por su gran piedad, su amor a María Auxiliadora y su adhesión a las tradiciones salesianas. Avelino fue fiel a esta característica común a su curso.