Ordóñez Tamiet, Luis

Luis Ordóñez Tamiet

Coadjutor (1931-2018)

Nacimiento: Carballido-Ponteceso (La Coruña), 18 de mayo de 1931
Profesión religiosa: Mohernando (Guadalajara), 16 de agosto de 1950
Defunción: Cambados (Pontevedra), 9 de abril de 2018

Luis Ordóñez Tamiet nació en Carballido, Ponteceso, provincia de La Coruña, el 18 de mayo de 1931. Sus padres, Manuel y Asunción, formaron una familia numerosa de seis hijos y de arraigadas costumbres cristianas. En ese ambiente cristiano nacieron tres vocaciones a la vida religiosa: Luis, que profesó como salesiano; María Jesús, que lo hizo como Hija de María Auxiliadora, y Teresa, que entró en el convento de las Dominicas de Santiago de Compostela.

En 1947, Luis tuvo el primer contacto con los salesianos del colegio San Juan Bosco de La Coruña. Allí hizo dos años de aspirantado, a cuyo término marchó a Mohernando para hacer el noviciado, profesando el 16 de agosto de 1950.

Cambados fue su primer destino como salesiano. Era una casa de reciente fundación y faltaba mucho por hacer. Él mismo decía que en esos primeros cuatro años hizo de todo: trabajaba los campos, hacía las compras en el pueblo, asistía en el patio, en el estudio, en el comedor y en el dormitorio, según los turnos… Incluso tuvo que hacer de sacristán.

En Lóngora y Bastiagueiro (La Coruña) pasó los cuatro años siguientes. Allí sacó el título de capataz agrícola, que tanto le habría de servir en el futuro inmediato. Y volvió a Cambados en 1958, de donde ya no se movería sino para hacer ejercicios espirituales. De nuevo tuvo que a hacer de todo, menos de sacristán.

En Cambados le tocó vivir todo el proceso de construcción, consolidación y transformación del colegio. Vivió los años difíciles del principio y la lenta mejora experimentada con el paso de los años; pasó de ir en carro para hacer las compras a usar las furgonetas que vinieron después, de las que él fue su primer y único conductor durante décadas.

En el verano de 1971, el señor inspector le pidió que se hiciera cargo de la administración, solo por un año. Un año que luego fueron 32. A sus 71 años pidió el relevo. En este cargo tuvo que realizar numerosas obras, algunas de gran envergadura. Era un trabajador incansable, que no perdía nunca la sonrisa, ni se quejaba por el excesivo trabajo; siempre cordial y alegre, sabía acoger generosamente a cuantos llegaban a la casa.

Un día comenzó a notar que perdía memoria. Él, que era tan puntual para todos sus quehaceres, se olvidaba de algunas cosas importantes. Era el principio del Alzheimer, la inexorable enfermedad que poco a poco pudo con él. Ya no era el mismo que con su gaita gallega y con el delicioso «rojillo de Cambados» que elaboraba como nadie, se había hecho popular en toda la comarca, donde ha dejado infinidad de amigos.

Don Pascual Chávez, que lo conocía muy bien por las numerosas veces que había morado en Cambados, destaca de él «su alegría, su gran capacidad de trabajo, su disponibilidad para servir, su humildad, su sentido de responsabilidad y su habilidad para hacer sentir bien a todos los hermanos y huéspedes que llegaban a Cambados. Y detrás de toda esta imagen tan positiva, lo mejor era su vida espiritual, sencilla pero profunda, muy marcada por la santidad salesiana como la quería Don Bosco, hecha de alegre y perfecto cumplimiento del propio deber, sostenida por la oración y una vida abierta a los demás… Era quien hacía que esta presencia salesiana fuera altamente significativa».

Fidelísimo a los momentos de oración de la comunidad, no era infrecuente verlo en la capilla de rodillas en actitud de recogimiento o con el rosario en las manos. Murió el 9 de abril de 2018, a los 86 años. Con su muerte se va una parte importante de la historia de la casa de Cambados.